Llevo muchos años siendo fan de Mal. Cuando descubrí el podcast que lleva con Rosa (Fan Girrl) fue como un sueño hecho realidad. Una mujer arrolladora, que derrocha humor, inteligente, friki, directa, sin miedo a decir qué le gusta incluso si no podía ser más terrible o mamarracho. Dispuesta a navegar un mundo muy poco amable con cualquiera que se atreva a decir determinadas cosas. Y especialmente siendo chica. No os hacéis a la idea de cuánto necesitaba eso en el momento en el apareció.
Así que cuando me dijo que publicaba «Los reyes de Keystone» y que iba a firmar en la Feria del Libro de Madrid vinieron los grititos internos de emoción. Es que encima es una suerte de Qué pasaría sí… entre Patrick Mahomes y Travis Kelce con un aire de romance navideño sin ser navidad. Todo lo que yo quería para sobrevivir a un 2025 que estaba siendo terrorífico.
Dicho esto, lo más importante de cara a recomendar la novela es que si no os gusta el estilo fanfic no es para vosotros ¿Y a qué llamo estilo fanfic? Pues a una historia que se regodea en las escenas cotidianas, pequeñas interacciones y sentimientos.
Ya he hablado de esto varias veces, pero fanfics hay de todos los tipos. Cualquier género, cualquier extensión, cualquier variante. Pero lo que, por encima de todo, crea al lector de este mundillo, es el deseo de ver a sus personajes favoritos interactuar con situaciones que no son posibles dentro de su historia principal. Explorar su vida más allá.
En «Los reyes de Keystone» dos jugadores profesionales de fútbol americano navegan sus sentimientos después de una temporada terrible. Tienen que enfrentarse a la homofobia, tanto la interiorizada por ellos mismos como la externa, a las expectativas de éxito y a su propia ambición. La idea de la siguiente Super Bowl está siempre de fondo, el evento codiciado y que en cierto sentido va a medir su valía.
También deben gestionar sus relaciones con mujeres, sus tapaderas, sus meteduras de pata intentando ser quienes se espera que sean.
Todo esto lo hacen siendo tontísimos. Pero ese tipo de tontísimo que dices ojalá poder darte un capón y un abrazo. Y después otro capón, porque claramente no han entendido nada. Y lo que se narra en sí son los espacios entre grandes eventos, los sentimientos de ambos, su soledad y sus encuentros en casa. También sus relaciones sexuales.
Al margen de esto, lo siguiente que va a decidir si esta novela es para vosotros o no es el sentido del humor. En mi opinión la autora es graciosísima. Entro en su comedia como si estuviese hecha para mí. Os voy a poner uno de mis trozos favoritos, que está casi nada más empezar:
Lo que había hecho era restregar los labios por su boca, como si hubiera aprendido a besar por las películas antiguas. Luego, como si sus maestros en artes amatorias fuesen unos caniches en celo, había restregado todo su cuerpo contra el de su compañero.
La referencia a besar como en las películas antiguas me encanta. Son escenas incomodísimas de ver y encontrarlo aquí en este contexto me pareció una delicia. Pero es que luego encima lo de los caniches en celo vino a bordarlo.
Todo en la manera en la que escribe sexo me ha resultado muy divertido y ameno. La inseguridad de ambos, unida a cómo se abren paso las certezas y el deseo, me han cautivado.
Pero no todo han sido risas y felicidad y espero poder transmitir bien lo que quiero decir con esta parte de la reseña. Es importante para mí incluso más allá de este libro. No soy una persona graciosa, no soy alguien que tienda de forma natural a las comedias o a reírse. Soy más bien taciturna, me tomo la vida muy en serio y mi relación con el humor es complicada. En el caso de Mal me funciona tan bien porque, incluso siendo tan bruto y franco como la frase de los caniches en celo, es muy triste.
Como os puse antes, los personajes son tontos. Estrangulables a veces. Eso hace que haya una constante nota discordante en su intento de hacer las cosas bien, en cómo se expresan uno con el otro, que obedece en gran medida a la presión social y a la falta de referentes. Y es muy cómico, muy divertido, pero no deja de ser una autoflagelación. Una manera de reírse de lo que está mal en el mundo, de lo que no podemos cambiar y ponemos como escudo.
Así, cuando me quise dar cuenta, había pasado de estar con la risa a sentir el dolor. A destapar la herida y querer llorar no con las cosas malas, si no con las cosas tiernas. Con la esperanza de que, no sé, quizá le puedas decir a tu compañero estrella del fútbol americano que patine contigo. Incluso en un mundo cada vez más gobernado por la extrema derecha.
Esto es parte de por qué he decidido hacer esta reseña aquí. «Los reyes de Keystone» a priori no es una historia de fantasía, terror o ciencia ficción. Pero a la vez lo es. Es una utopía. Un ejercicio de imaginación en el que la autora ha creado un mundo que sana y se vuelve un poquito mejor. Y pocas cosas necesitamos más que imaginarnos otras realidades.
Mientras a los hombres se les hacía soñar con caballería y gestas a las mujeres se las hacía soñar con romance. En muchos sentidos el amor es una forma de fantasía y, el que ha crecido en paralelo a la épica, es algo que muchas veces no se quiere afrontar. Pero para mí es un hecho. Uno del que termina saliendo todo un mundo mágico, que es el de la ficción navideña para mujeres adultas.
Esto, incluso en una historia no navideña, está muy atado en la forma de escribir de Mal Lawless y a mí me llega muchísimo.
Otro de sus puntos fuertes son los malentendidos. Me frustro muy rápido con este tipo de tramas porque soy bastante estricta con lo que es perdonable y lo que no. Con qué es un error y qué no. Pero aquí, de nuevo, como anillo al dedo.
Los dos protagonistas son tan tontorrones que, incluso cuando hay malicia en sus acciones, se ve que están muy hechos el uno para el otro. También en la manera en la que trata sus relaciones con las mujeres y las decisiones que han tomado ambos al respecto he quedado muy satisfecha.
En general los secundarios están muy logrados. Salen poquito pero le dan el punto necesario a la historia. No se enrolla en contarte cosas que no necesitas saber para nada, son carismáticos, graciosos, y no entorpecen nunca la velocidad del libro.
Eso sí, mi sentido de la sororidad va peor que el de Mal y yo no habría sido tan amable con algunas cosas que vienen de fuera de la ficción. Pero es parte de por qué la aprecio.
Las peleas verbales, que suceden sobre todo en la cabeza de los protagonistas (van cambiando de punto de vista de uno a otro dependiendo del capítulo) tienen un flujo constante. Y no sabéis lo que amo yo una buena discusión mental, los personajes que hablan mucho y rápido y cómo se enfrentan a los que son más serios e introvertidos.
Si Amy Sherman Palladino hiciese una serie de señores gays explítica sexualmente sería muy parecida a esto.
El libro en sí es muy cómodo de leer. Me gustan la tipografía y el tamaño de letra. Es muy sobable. Pero la portada no me gusta nada. Por si no estáis puestos en esta historia Travis Kelce (que inspiró al Roy de esta ficción) lo que es es el prometido en la vida real de Taylor Swift. En la novela hay una chica que sería un equivalente, aunque, como todos los demás, muy cambiada. Pero el libro nunca jamás es un triángulo amoroso ni nada parecido. No obstante ahí la han plantado, en primer plano con ellos. Y que sea muy reconocible el atuendo del Eras Tour. Tampoco me gustan nada los colores.
Es una estrategia de marketing terrible.
En fin, no me voy a poner a decir todo lo que opino de cómo ha hecho su parte del trabajo la editorial porque ya llevo más de 1200 palabras. En cualquier caso son detalles ignorables para leer la novela y, si os llama la atención un romance entre jugadores de fútbol americano que no saben cómo lidiar con sus sentimientos, lleno de humor, ternura y la sensación de la Navidad sin ser Navidad, echadle un ojo. Yo me lo he pasado pipa.
Si queréis echarle un ojo la editorial ha subido las primeras páginas.

- Autora: Mal Lawless
- Publicación: 2025
- Editorial: Plataforma Neo
- Género: Romance, romance deportivo
- Saga: Autoconclusivo
- Páginas: 224
- ISBN: 979-13-87568-72-6

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