Reseña: Superman (2025)

El primer cómic de Superman se publicó en abril de 1938. Es decir, en el interregno entre las dos guerras mundiales. Siguió publicándose a lo largo de Vietnam, la Guerra Fría, el 11-S, y siempre recogió una parte de la imagen que Estados Unidos quería dar de sí mismo. El supuesto país de la libertad, el crisol de culturas donde una persona puede construir su destino y salir airoso. El sitio que siempre tiene razón, sirve de faro al mundo y tiene el deber de proteger y regañar al resto. Regañar o aniquilar, claro.

No quiere esto decir que haya habido una visión unitaria en cómo representar esos valores. Es más que Superman es un elemento de ficción perfecto para medir la temperatura del país.

Todo esto, traspasado al cine, nos ha tenido los últimos años con la representación que hizo Snyder. Oscura, cruel y lejos de la imagen de esperanza que el boy scout más famoso de América suele tener asociada. No estoy capacitada para hacer un estudio sobre cómo esta oscuridad y desesperanza han representado a una Estados Unidos que ha terminado dando dos mandatos a Donald Trump, pero opiniones tengo muchas. Por esta entrada, que de lo que trata es de la última película, tampoco me quiero enrocar ahí.

Lo importante es que a la política y a los millonarios les ha dado por difundir el discurso de que la empatía es el virus de occidente. Que no hay espacio para buenazos idealistas, que intentar hacer las cosas bien es ser un soñador poco realista y que tenemos que hacer las paces con que este mundo horrible es el mejor de los mundos posibles.

Y entonces a alguien se le ocurrió darle a James Gunn las riendas del universo cinemático DC y apareció esta película. Os juro que todo este prólogo de 300 palabras es fundamental para hablar de ella.

Veréis, he visto muy a menudo comentado que esta vez tenemos una representación con una fotografía mucho más luminosa, un Superman mucho más reconocible, una vuelta a la esperanza. Y sí, pero para mí hay un matiz muy importante y es que Gunn no da nada de eso por sentado.

Si alguien me pregunta de qué trata esta película os diría que es la base de un artículo periodístico y una pelea filosófica. Siempre se dice que el periodismo debe ser neutral pero creo que eso es algo que ha dado a muchos malentendidos. La vocación del periodismo no es la balanza, es llegar a la verdad de una manera muy socrática: haciendo que te preguntes cosas. Y decir la verdad es algo muy complejo porque no es solo lo que dices, es cómo lo dices y qué cosas no dices. En qué momento lo dices, tanto en el tiempo como en el propio formato en que publicas. El número de palabras que dedicas, la página en la que aparece. La fotografía que pones o no pones.

En Superman tenemos una serie de historias entrelazadas que se mueven a lo largo de una línea entre acciones morales e inmorales. Y la película se pone frente a ti y, repetidamente, te pregunta ¿esto es bueno o malo? ¿cómo de bueno o malo es esto? Esta información que es graciosa o simpática en una película de acción, si te paras a debatirla ¿es tortura? ¿Puede la izquierda actuar? ¿Cuándo es adecuado salir de la ley? ¿Qué haces con un genocida? Y, a la vez, cuando tu deber es informar, qué información guardas y por qué. A qué tiene derecho la gente.

Pero eso no significa que la película sea tibia. Aunque no responde por ti a esas preguntas, sí te deja claro que a pesar de todas nuestras diferencias necesitamos encontrar un punto de unión y actuar. Que la intención importa y que la esperanza y los modales son un sello de identidad con el que puedes afrontar el mundo.

Durante mucho metraje el discurso está detrás de la acción, pero hay un momento en el que Lois está entrevistando a Clark que escenifica todo el mensaje a la perfección. Es uno de los momentos cinematográficos que más me han llegado al corazón en los últimos años.

Este formato, además, ayuda a corregir lo que más podría lastrar el metraje. Superman tiene muchas cosas pasando todo el rato y muchos personajes, probablemente demasiadas para dos horas y diez minutos. Pero hace muy bien, por un lado, el saber que DC es ya tan de la cultura popular que no tienes que resetear el universo entero para que la gente siga la historia y, por otro, el presentar a los personajes como puntos morales en la línea que comentaba. Una es la que duda de todo y todos, otro considera que si tienes que matar a un enemigo no pasa nada, otro intentaría proteger la vida por encima de todo, y así.

Y, como extra, me alegro muchísimo de que la película no dure más. Para entretenimiento de este estilo creo que la duración más cerca de las tres horas que de una y media está siendo terrible en muchos casos.

Por otro lado, de cara a tener un universo cinematográfico de DC, que introduzca de manera natural, como parte del día a día, a otros superhéroes, creo que es un acierto enorme. Le da mucha vidilla y genera buena curiosidad. Está sentando unas bases excelentes.

Ayuda mucho también que los actores están increíbles. Si bien a mi Henry Cavill me parecía un Superman ideal, cosas como la nula química que tenía con Amy Adams y lo irrelevante que era el personaje de esta dolían. Aquí, en cambio, la conexión es constante. Están caracterizados genial y juntos dan energía, ganas de hacer cosas, los tomas y dacas funcionan siempre. Y con los secundarios pasa lo mismo. No hay ningún actor que me parezca que no cumpla.

Y, en ese sentido, estamos ante probablemente la mejor representación de Lex Luthor que he visto en la pantalla grande. Nicholas Hoult encarna al perfecto “technobro”, señor de gimnasio que impone y es bastante patético a la vez. Que te genera rechazo y grima y él lo sabe, hasta el punto de que está dispuesto a matarte por ello. O esclavizarte. Lo que le venga bien.

Acusa a Superman de inhumano mientras él representa todas las características de la falta de humanidad. Hacia el final de la película Clark da un monólogo al respecto que me parece maravilloso. Y es que esa es otra, es una película de supers que no te pide perdón por serlo.

Tiene monos entrenados para difundir discurso de odio en internet, un traje bastante en la tradición del personaje que no se ve ridículo, momentos de acción puramente entretenida. Y, por supuesto, también escenas coreografiadas con música que parecen ser la marca James Gunn.

Retomando un poco el tema Lex Luthor, creo que una de las cosas más interesantes de la película es su representación de la masculinidad. Luthor encarna al influencer aspiracional que ven como la cúspide de la sociedad una cantidad escalofriante de chavales. Un hombre que es exitoso, millonario, que no tiene que pedir perdón. Obsesionado con ganar, ser alfa, humillar y reírse de los demás. Que suelta palabras despectivas como alien con efecto comparativo. Es decir, esa persona no tiene derechos porque yo los tengo todos. Y yo solo puedo tenerlo todo si los demás no lo tienen. Esta cosa que está ahora tan en boca de muchos de ser un ganador o un perdedor.

En el otro lado de la película, sin embargo, tenemos hombres sensibles. Que expresan sus sentimientos con naturalidad, buenos y malos. Les dicen a sus hijos que les quieren. Hablan entre ellos de cosas importantes pero también de las inconsecuentes. Hombres que se dan abrazos, que lloran, que son ñoños. Que cuidan a sus perros. Hombres que se frustran, y suben el tono, y son imponentes, pero que no dan miedo. También otros que no quieren hablar de sentimientos, no es una obligación. O incluso obtusos, tontos y con mucho rango de aprendizaje.

No quiero extender esta reseña mucho más, ya va larguísima, pero encuentro fascinante la representación de la heroicidad masculina, la búsqueda de un paradigma sostenible psicológicamente. Y el intento de proveer a lo chavales de alternativas. No creo que haya servido para mucho, creo que es más una película que predica al ya converso y le da esperanzas, pero ya es algo.

La verdad, la película tiene varios problemillas, cosas que me han gustado menos. Por ejemplo, Luthor es un némesis muy bien construido, pero la manera en la que crean retos físicos para Superman no creo que esté a la altura. Pero ninguna de esas cosas me importa especialmente en el cómputo de la película. Ni siquiera el hecho de que sigamos con el tema paradigma americano me ha irritado demasiado. Superman cumple de sobra con lo que busca y con lo que yo quería y me ha dejado con muchas ganas de más.



Deja un comentario