Reseña: «Las naves de la magia» (Robin Hobb)

¿QUÉ ES LAS NAVES DE LA MAGIA?

Según la editorial:

En la lejana costa al sur de los Seis Ducados se halla el Mitonar, centro de comercio y hogar de una nobleza mercante afamada por sus barcos vivientes. Son naves hechas de tronconjuro, una madera capaz de madurar hasta adquirir plena conciencia.

La fortuna de una de las familias más antiguas del lugar reside en Vivacia, una embarcación recientemente despertada. Para Althea Vestrit, la nave es su legítima herencia, injustamente negada, y hará lo que sea por recuperar ese legado. Para Wintrow, sobrino de Althea, arrancado de sus estudios religiosos para servir a bordo, Vivacia es una condena perpetua. Pero el destino de la familia Vestrit, y del barco, puede estar en manos de un extraño que trata de hacerse con el poder sobre todos los habitantes de las Islas Piratas…

¿ES NECESARIO LEER LA TRILOGÍA DEL VATÍDICO ANTES QUE LAS NAVES DE LA MAGIA?

Os aviso de que aún no he leído las tres novelas que componen Las leyes del mar, pero no, no es necesario. Aunque ambas obras ocurren en el mismo mundo y se hacen algunas menciones de pasada, estamos en otro lugar, con otros personajes y en otro contexto.

¿CÓMO ES LAS NAVES DE LA MAGIA?

Aviso de contenido: violaciones, esclavitud, abuso de poder, mucha violencia

Tres entradas llevo ya en Gorgonas sobre Robin Hobb y nunca se vuelve más fácil hablar de su obra.

El poder que tiene esta señora de California sobre mí es tal que estoy a punto de hablaros de una introducción de casi 900 páginas que me ha encantado. Con unos personajes que detesto, algunos capítulos aburridísimos. Y nada, que es una maravilla. Os lo juro.

Para poner un poco de contexto yo venía enamorada de la anterior trilogía de Hobb, el Vatídico, así que tenía muchas expectativas. Más si tenemos en cuenta que Las leyes del mar es la saga favorita de algunas personas que conozco. A la vez sabía que esta autora es una maestra de la pausa, el engaño y las sutilezas y venía preparada para darle espacio al libro.

Así que, cuando los dos primeros capítulos se me hicieron un poco pesados y aburridos no estaba demasiado preocupada. Por lo mismo tampoco me sorprendió llegar al tercero y encontrarme una obra maestra.

Sin embargo tengo que reconocer que, lo que culminó en los libros previos como un nuevo entendimiento y apreciación, del trabajo no me ha pasado aquí. Una vez cerrado Las naves de la magia no tuve ninguna opinión nueva, no me asombró con el final y creo que o me sorprende mucho con los demás o no va a llegar para mí al nivel de la anterior.

A la vez es complejo porque reconozco y me parece indiscutible que la escritura de Hobb da un salto en calidad. No sabía que esto podía pasar porque, aunque ya tenía quejas con los anteriores, ella me parecía brillante. Pero pasa. Como guinda del pastel, además, decide que no quiere escribir lo mismo que antes. Aunque lo otro funcionase toma riesgos.

Antes teníamos un juego que necesitaba para funcionar una primera persona engañosa, con problemas globales de reyes y reinos, en un mundo de falso medievo reconocible. Fácil de imaginar para el lector medio de fantasía y por lo tanto también una buena herramienta para la sorpresa. Lo que tenemos ahora, por contra, son múltiples puntos de vista, un mundo y sistema mágico mucho más complejos. Con personajes más grises con problemas mucho más íntimos y personalizados, más lejos del autosacrificio por el bien del mundo.

El tema es que, a la vez que aprecio esto, a menudo se aleja de mis gustos. Hay muchas decisiones de sus personajes en libros previos con las que no estaba de acuerdo pero disfrutaba la lectura de manera constante con ellos. A muchos de este libro no les soporto. Y no les soporto no porque hagan cosas que yo no haría o que no entienda, todos están bien escritos, es que me irritan demasiado.

Voy a intentar explicar esto mejor. En esta historia hay un señor muy señor, que quiere lo que piensa que es lo mejor para su familia, pero es en realidad lo peor. Detestable. Pues con él no tengo ningún problema. En cambio, con el personaje que tiene más protagonismo, una chica llamada Althea con una de esas tramas femeninas tipo Arya Stark, tengo momentos en los que no puedo. Cierro el libro y me cuesta volver a cogerlo sabiendo que viene un capítulo suyo.

Me gusta la idea de su trama, tiene capítulos muy buenos. Pero como os vaticinaba al principio este libro es una introducción de 900 páginas. No tiene ningún problema de ritmo pero no llega a explicar nada y no siento que haya una evolución lo suficientemente rápida de los personajes.

Althea se esfuerza, mejora, es bajo cualquier estándar lógico una buena heroína. Pero es que, insisto, son 900 páginas y a mí eso me mata. Porque de un capítulo a otro no puedes esperar mejoría, más bien lo contrario. Y es que mientras estás leyendo esto aún te quedan dos libros más de personaje.

Aún así con Althea, como digo, hay otras cosas que compensan. Pero hay una cría llamada Malta, a la que he visto comparada varias veces con la otra hermana Stark, de hecho, que si no hubiese sido Hobb me habría hecho abandonar el libro. A mí no se me parece a Sansa. Entiendo la comparación, pero Sansa es una adolescente que toma malas decisiones por una concepción común de cómo funciona el mundo, una mentira colectiva digamos. Su trama es atractiva por cómo importan sus decisiones, porque es fácil entender cómo actúa aunque no estés de acuerdo con ella o no la soportes.

Malta no me funciona porque no veo en ella nada que no sea egoísmo. Es una niñata. No digo que no sea una personalidad común o entendible en su edad, digo que es una diferente a Sansa y una sobre la que yo no soporto leer. Y menos tantas páginas. En general, no suelo conectar con las historias de pre adolescentes y adolescentes a los que hay que excusar su comportamiento solo por edad.

No obstante no todo son quejas en el apartado de personajes De hecho, aunque pueda no parecerlo por todo lo que llevo escrito, es al contrario. Hobb me ha dado aquí una trama extraña y maravillosa, de las mejores que he leído. Es la historia de dos mujeres llamadas Ronica y Keffria.

Su trabajo con ellas es como las cosas que más me gustaban del Vatídico. Es pausado, sutil, sorprendente. Si habéis leído la anterior saga, es la evolución lógica de haber escrito a Paciencia. Va hilando con ellas además una trama económica que tiene pinta de ir a ser genial según se desarrolle la trilogía. Y yo he aprendido a asociar la economía como el punto central de la fantasía oscura gracias a Abercrombie, Martin y Sapkowski.

Dando un poco de marcha atrás os decía que es una trama extraña y me gustaría ahondar un poquito en esto. He leído varias reseñas de gente a la que no le gustan y entiendo por qué. No tienen nada de acción. Mientras hay por ahí gente en barcos que hablan, personas matándose, señores que quieren ser reyes piratas, estas dos están mirando sus libros de cuentas y la situación de su casa.

Son lo que se queda atrás en cada historia de fantasía. Penélope esperando a Odiseo.

Es genial. De verdad, he amado cada una de sus páginas. Y eso que sus partes están totalmente ligadas a las del personaje que no soporto, Malta.

Creo que una de las cosas que más hace brillar a Hobb es su descripción del conflicto doméstico y del papel tradicional de la mujer. La manera en la que presenta varios arquetipos y los va desenredando, creando personas realistas en contextos reconocibles. Me encanta poder ver tantos personajes femeninos tan diferentes y, además, he disfrutado bastante en esta novela leerla hablar de sexualidad. No me lo esperaba y ha sido curioso.

En el otro apartado, en el mundo mágico y de aventuras, como comentaba más arriba, tenemos ahora una serie de localizaciones que se sienten más amplias y vivas. La autora busca con esta trilogía el sentimiento más estándar con la fantasía, la sensación de maravilla, y se sirve para ello de unos barcos que parecen sustituir a lo que en otro libro sería un dragón.

Lo he simplificado mucho, es algo bastante más complejo y llamativo, pero es para que os hagáis una idea. A mí me gusta bastante, tiene una coherencia interna con otros aspectos del universo muy bien montada y es, desde luego, vistoso y fácil de imaginar.

También intenta crear más misterios y preguntas, una trama que permita elucubrar y sacar teorías sobre la situación mágica. Aquí creo que es donde hace un trabajo más regular. Por un lado hay un misterio que me tiene enamoradísima, un barco que en teoría se volvió loco. Y por otro hay unos capítulos sobre unas serpientes marinas que bueno, no son Malta, pero a mí me sacaban todo el rato de la novela. Y creo que nunca es buena señal que el misterio te saque del libro.

En lo que se mantiene estable Hobb es en sus frases punzantes y en una manera de crear épica que se siente grandiosa a la vez que cotidiana. Atípica y típica.

Como habéis visto tengo muchas quejas, pero también es porque esta autora me hace ser pasional sobre sus libros. Analizo y sobreanalizo y todo lo que me disgusta cobra una nueva dimensión, porque espero tanto las partes que me fascinan que lo que no me carga de manera especial.

Que ninguna de mis quejas os hagan no darle una oportunidad. Esta es una escritora excelente y este es un libro con tantísimas virtudes, con tanto que ofrecer a tantos tipos diferentes de lectores, que merece la pena descubrirlo por uno mismo.

Al hacer la reseña he estado ahondando en las partes que la hacen más o menos especia para mí pero Las naves de la magia es mucho más que esto.

Es más, por encima de cualquier otra cosa, por encima de los barcos que hablan, de los piratas, del dinero, lo que es es un drama generacional. Es una historia sobre madres, padres e hijos. Sobre el legado que dejamos y nos dejan. Intentar ayudar a tu familia pero destrozarla desde dentro, intentar ser leal a la persona que eres y, en el proceso, descubrir cuánto importa para eso tu apellido. Trata de familias encontradas, porque no todos los padres son biológicos.

Del efecto en la salud mental de una dinastía de malas decisiones.

Es una historia sobre aventuras, sobre tener la oportunidad de vivirlas. De ideas un poco infantiles e idealizadas y de cómo se vuelven tenebrosas cuando nadie te protege.

También es una novela sobre revolución y gente que se aprovecha de la revolución. Tiene ideas políticas fuertes a pesar de ser, como decía, una historia más alejada de la fantasía de reyes. Y es violenta y desagradable a veces de maneras bastante extremas. Un nivel que, a partir de aquí, solo puede seguir subiendo.

¿PARA QUIÉN ES LAS NAVES DE LA MAGIA?

Tanto si os gustan las historias marítimas como si no podéis encontrar cosas que os enganche. Además tiene tal variedad de personajes y un sentido de la fantasía y la aventura tan grandes que, si sois fans del género, creo que os compensa darle un tiento.

Eso sí, vuelvo a avisar de que es una historia bastante violenta y si no os apetece leer según que cosas no os pongáis con ella.

  • Título original: Ship of Magic
  • Autora: Robin Hobb
  • Traductor: Manuel de los Reyes
  • Publicación original: 1998
  • Editorial: DeBolsillo
  • Páginas: 752
  • ISBN: 9788490624913
  • Precio: 10,95 €
  • Género: Fantasía épica
  • Saga: Las leyes del mar 1/3


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