Reseña: asesino real (Robin Hobb)

¿QUÉ ES ASESINO REAL?

La segunda entrega de la saga del Vatídico, trilogía con la que comienza el universo The Realm of the Elderlings y por tanto continuación de la historia de Traspié Hidalgo.

Aunque maltrecho, Traspié ha sobrevivido a su primera misión como asesino del rey. En la corte casi todos desprecian su condición de bastardo, de modo que decide permanecer en las lejanas montañas adonde ha ido a guarecerse.

Sin embargo, unas noticias que reclaman su atención y un amor que se tornará inalcanzable lo urgen a regresar a Torre del Alce. Allí se reencuentra con las mortíferas intrigas de la familia real, mientras los Corsarios de la Vela Roja reanudan sus feroces ataques sobre la costa, dejando a su paso aldeas calcinadas y víctimas enloquecidas. El reino está al borde de la guerra y su salvación vuelve a estar en manos de Traspié… si acepta realizar el mayor de los sacrificios.

¿CÓMO ES ASESINO REAL?

Aviso: Como mi edición es inglés las frases que he destacado las he traducido yo. Estoy segura de que Manuel de los Reyes lo hizo mucho mejor.

Comentaba en mi reseña sobre el primer libro, aprendiz de asesino, que tardé en apreciar la maravilla que tenía entre manos. Se me hizo una historia lenta, típica y sencilla, hasta que con el final me di cuenta de todos los juegos sutiles y de la genialidad de Hobb. Y esto es lo que me esperaba en la segunda parte que, de hecho, había estado guardando para empezar en un momento en el que no me sintiese impaciente como lectora.

Pues de nuevo, menuda sorpresa. Solo he leído dos libros y ya estoy segura de que esta autora es, para mí, una de las mejores. Inigualable.

Para empezar no esperaba en absoluto encontrarme un libro gracioso. De hecho voy a decirlo mejor: muy gracioso. La historia de Traspié es tan dramática desde el inicio, y sé por lo que he visto comentado que lo seguirá siendo, que una novela del protagonista siendo extremadamente tontorrón, casualmente cruel y adolescente en general me ha pillado desprevenida.

Necesito dormir. No despertarme enfebrecido por tu… admiración a esta mujer.

Era lógico que por edad era lo que venía y aún así, por el tono, me ha sorprendido. Además ha conseguido algo que tampoco imaginaba y ha sido enamorarme del personaje. Sé de otras reseñas que hay muchísimos lectores que nunca se enganchan al protagonista aunque disfruten lo demás y creía, en base al primero, que este iba a ser mi caso. Nada más lejos de la realidad.

Pero esto no significa que asesino real sea una novela más distendida. El fuerte de Hobb y la base de todo esto sigue siendo un drama cruento, el sufrimiento constante y en un plano paralelo un retrato impresionante de la posición de las mujeres en el falso medievo que hemos creado en el imaginario colectivo.

Adiós Traspié. Intenta mejorar un poco en no dejar que te maten.

Como os podréis imaginar todos estos eventos me han golpeado aún más profundamente ahora que adoro a Traspié y he sufrido y disfrutado cada paso.

Por otro lado creo que mi queja principal con la primera novela fue no engancharme al gran misterio, los Elderlings, y tengo la alegría de contaros que esta vez estoy que me muerdo las uñas por saber qué va a pasar. Además creo que Hobb ha vuelto a quitarme otra venda de los ojos por sorpresa con este tema al hacerme ver que, en cierto sentido, cómo ha construido esa parte tiene que ver con la edad del protagonista.

En el resto de personajes, en general, también ha seguido soberbia.

Por supuesto formo parte de la fascinación colectiva por el personaje del Bufón que es, y esto lo digo sin asomo de duda, una de las mejores creaciones en la ficción. A menudo las figuras que aparecen como poseedoras de conocimientos misteriosos a los que tú todavía no puedes acceder se vuelven frustrantes y, sobre todo, decepcionantes. Pocas historias pueden mantener el suspense de forma efectiva alargado en el tiempo.

¿Me escucharías si no te hablase en acertijos?

El Bufón es perfecto en crear intriga pero siguiendo integrado en la novela. No se vuelve repelente, es perfectamente entendible por qué Traspié no está obteniendo más conocimientos de él, su carisma parece inagotable y es tan sensible, vulnerable y ligeramente inquietante que mi única queja es no haberlo creado yo. Además su androginia y representación del género, en el 96, son para ponerle una estatua a Hobb.

Otro punto fuerte, aunque este viene con una queja, es que la autora ha construido muy bien los vaivenes morales y las ideologías de sus personajes. La gran excepción es Molly que pasó sin pena ni gloria el primer libro y aquí sigue sin poder despegar en ningún sentido a pesar de ocupar bastantes páginas. Sé que esto forma parte del juego de la primera persona en el que Hobb es una maestra, pero este es el único apartado en el que no consigo comprarlo.

Entiendo que el punto de vista de Traspié sería raro de otra manera pero nunca me he quitado la sensación de que es un tanto genérica e irritante.

Lo que también luce en este apartado es que, por mucha profundidad que otorgue a las acciones de los protagonistas, no por ello cae en un relativismo moral que equipare actos en absoluto comparables. En el mundo hay gente mala y hay actos para los que, en mi opinión, por mucho que me hagan empatizar, no hay justificaciones que valgan.

Deberías evitar las confrontaciones físicas Traspié Hidalgo. Siempre pareces acabar herido en ellas.

En el apartado mágico seguimos en un terreno bastante sencillo, magias muy elementales lejos de modas actuales encabezadas por Sanderson, pero si eso es lo que os gusta leer no penséis por ello que esto no tiene mérito. Siendo algo que conocemos todos da a Hobb la oportunidad de entretejerlo de manera sencilla y efectista en la política y la sociedad y es uno de sus puntos fuertes.

Podría seguir escribiendo eternamente sobre lo muchísimo que he disfrutado esta novela pero, por no hacer una entrada infinita, voy a ir cortando aquí. Creo que es muy difícil equilibrar qué cuentas en cada parte de una trilogía, evitar que el primero sea demasiado introductorio, que el segundo sea solo una excusa para preparar el tercero y, por supuesto, después el temible final que puede romper todo el trabajo previo.

De momento Hobb, para mí, lleva camino a hacer una trilogía prácticamente perfecta. A ver cómo termino.

Me estremece pensar en el precio a pagar de manera voluntaria por quererme.

Puntuación: 5 de 5.
  • Autora: Robin Hobb
  • Editorial: DeBolsillo
  • Fecha de publicación original: 1996
  • Precio: 11’95€
  • Páginas: 656
  • ISBN: 978-8490623121
  • Traducción: Manuel de los Reyes
  • Colección: trilogía del Vatídico (2/3)
  • Género: fantasía épica

Reseña: aprendiz de asesino (Robin Hobb)

Autora: Robin Hobb
Editorial: DeBolsillo
Fecha de publicación original: 1995
Precio: 9’45€
Páginas: 392
ISBN: 9788490623114
Traducción: Manuel de los Reyes
Colección: trilogía del Vatídico (1/3)

Han pasado ya cuatro años desde que leí aprendiz de asesino pero, como he comentado ya alguna vez en otras entradas, encuentro extraño si voy a reseñar un libro de una saga no tener los previos. Así que me he puesto manos a la obra, he releído partes, reseñas, vídeos, los apuntes que dejé escritos y un resumen y con ello me siento bastante preparada para hablaros de esta novela.

La trama es bastante sencilla. Hidalgo, heredero al trono de la familia Vatídico, es conocido por sus grandes virtudes hasta que le aparece un hijo bastardo, Traspié, el protagonista de la saga y del que, en este libro, se cubre su infancia. El chico está entre dos mundos, sin pertenecer a ninguno, con casi todos desconfiando de él o señalándole como inútil. Sus relaciones familiares son como poco complicadas y solo empeoran según se va haciendo mayor y desarrollando sus habilidades.

En general no diría que es una historia de muchas sorpresas. Esto es curioso porque, como género, es una fantasía épica de intrigas políticas y suspense. Y diréis Tarsia, no puede ser una historia de suspense si no hay intriga, y yo responderé es complicado. Puede que conecte contigo más o menos, pero Robin Hobb es una gran escritora, y en concreto una que ha aprovechado las posibilidades del narrador en primera persona con una maestría digna de aplauso.

Voy a intentar explicar esto bien. La trama es muy tópica, de hecho durante el grueso del libro estaba convencida de que se llevaría unas respetables tres estrellas pero nada más. Un libro sólido pero poco memorable en resumen. Y de pronto llegó la traca final, que acelera de golpe el ritmo del libro y te da una perspectiva nueva de Traspié y de su conjunto. Es decir, no es tanto que te sorprenda como que te das cuenta de que está tan bien llevado que por momentos olvidas que un libro en primera persona es por necesidad engañoso. Que te has dejado llevar por la subjetividad del protagonista y cosas que has visto en realidad tenían un tipo de profundidad diferente.

Podría decir muchas cosas sobre este tema pero creo que Steven Erikson, el autor de Malaz, lo dice mejor que yo en su artículo How Robin Hobb’s Assassin’s Apprentice Pulls the Rug Out from Under You.

Siguiendo con el estilo de Hobb es formal y serio. No diría que sea floreado pero sí que sigue las corrientes de fantasía más clásicas a la hora de elegir cómo narrar. Cuando a eso le sumas la soledad, la tristeza, las desgracias y los animalitos sufriendo (sí, sé que aquí os ha perdido del todo a muchos) se vuelve una lectura densa. Esto no es ni bueno ni malo, depende de gustos. A mí a veces se me hace un poco pesado pero mucho menos que con otros escritores.

Como decía arriba para refrescar el libro he estado viendo la opinión de booktubers y blogs y he visto repetido algunas veces que la construcción del mundo es poco llamativa. No pienso que estén equivocados, la verdad es que lo es. Pero en este apartado está una de las cosas que más me llaman la atención a mí de la novela.

Mi Twitter ha sido un hervidero en los últimos años sobre el falso medievo en el que suele caer la fantasía épica como género. Una serie de clichés que los fans esperan y que, cuando se rompen, hacen que algunos lectores sientan que no es realista. Es decir, tu novela puede tener dragones, un ambiente europeo/británico pre América en el que coman patatas, armas sin sentido práctico, pero, por ejemplo, se espera determinada posición social de las mujeres. En cualquier caso, dejando ese tema para otro día, Robin Hobb no viene a cambiar esto. Lo saco a coalición porque aprendiz de asesino es uno de los libros de fantasía más comprometidos con el falso medievo que he encontrado.

No es una crítica, al contrario. Lo adoro.

Sé que hay muchos lectores de épica que se acercan al género por el sentimiento de maravilla. Para que aprendiz de asesino funcione hace falta lo contrario. Caes en este mundo en el que todo te resulta familiar, en el que todos los eventos, sistema mágico y construcción social son sencillos y asequibles, sin necesidad de una explicación mayor. Y es parte de lo que te hace caer en el uso de su primera persona, que no sientes que tengas que preguntarte nada más. Pero deberías.

Lo subraya, además, en la creación de personajes. Es probable que los nombres de Hidalgo y Traspié os hayan resultado llamativos. Desde luego es un elemento clave ya que los Vatídico nombran a sus hijos con las habilidades que les desean. En la realidad de la novela los personajes cumplen las características de su nombre y la opuesta. Así, por ejemplo, tenemos al ya mencionado Hidalgo, honorable pero con un hijo bastardo.

Fuera de los Vatídico los nombres siguen una idea similar. El principal es Molly. Incluso sin ser angloparlantes todos nos hacemos a la idea de una Molly, una chica fuerte y testaruda en una familia sin mucha suerte.

Aún así no todo es cristalino y el mayor misterio del libro está aquí, en el Bufón. La verdad es que prefiero no decir mucho para que sea todo una sorpresa, pero es un personaje extravagante y llamativo que, sospecho, ha sido la raíz de otros muy similares actuales bastante famosos (ahora mismo estoy mirando a Brandon Sanderson)

Luego está Traspié. No puedo decir ni que me guste ni que no me guste. Siento empatía hacia sus problemas (que son muchos, he visto a varias personas definir estos libros como Traspié sufre y similares) y me gusta que sea el narrador pero a la vez no tiene nada destacable. Es, de hecho, uno de los motivos por los que al principio veía esta novela como una estándar de tres estrellas y poco más. Me es, en general, indiferente y es una de las cosas que espero que cambie según vayan avanzando las novelas.

Y este es un tema importante, con el que quiero terminar. Sucede en la fantasía que es un género muy afín a las sagas largas. Aquí podéis ver que esto es una trilogía pero a la vez no lo es. Los demás libros de la autora comparten universo (the Realm of the Elderlings, desconozco si tiene traducción oficial) y algunos personajes vuelven a aparecer después. Así que cuando un autor se vuelve una leyenda del género a menudo puede resultar una decepción al coger el primer libro. Muchas de las características que todo el mundo alaba están ahí, pero si vas con determinado tipo de expectativas es posible que aún no las cumplan. Por lo que he ido viendo en internet a partir de aquí, en general, Robin Hobb se va volviendo aún mejor y estoy deseando verlo.

Y vosotros ¿lo habéis leído ya? ¿tenéis pensado hacerlo? ¿os gusta Robin Hobb?

Puntuación: 4 de 5.

Hacia la ficción contemporánea: caballería y feudalismo

«Duelo de caballeros» (Delacroix)

Pongamos un poco de contexto a dos de los elementos principales en la construcción de la fantasía moderna occidental: caballería y feudalismo. 

Este texto no tratará de los eventos que llevaron a este cambio social ni cómo se vivió en el día a día. Vamos a centrarnos en los elementos que de manera más llamativa influirían la narrativa de género. 

Durante el feudalismo, aunque había monarcas, el poder estaba en manos de la aristocracia. Su brazo armado, la caballería, era en realidad algo más parecido a un grupo de mercenarios que trabaja por un señor concreto. Si había una guerra extranjera luchaban en su nombre, si luchaban entre nobles defendían al suyo y, además, servían como fuerza disuasoria para la gente de a pie. 

Los romances medievales se encargaron de elevarlo como la ficción al servicio de un poder político suele hacer. Pero también de atacarlo. Los ciclos artúricos no son una exaltación sino una crítica que, a través del ya mencionado en The Wanderer «ubi sunt?» criticaban a menudo el estado actual de la institución. 

El código de honor del caballero medieval no era muy diferente al de los guerreros anglosajones. La distinción principal radica en que, este, es ya un cuerpo puramente cristiano. La caridad, el amor fraternal a los necesitados, los votos de pobreza y la expiación a través de la guerra son puntos fundamentales en esta nueva definición del guerrero.

Estamos pues ante una sociedad occidental de fuertes poderes pero divididos. Primero la Iglesia, que, bajo el papado, extendía las proclamas católicas y se ponía de tú a tú con monarcas y nobles. Los reyes, que controlaban países de manera nominal pero no de facto, pues el dinero lo poseían los aristócratas. Estos, a su vez, ejercían su voluntad sobre el pueblo llano gracias a la institución de la Caballería. A partir del protestantismo el mundo occidental empezaría a cambiar, pero siempre bajo la observancia cristiana. 

Los caballeros medievales debían, en su idealización, poseer cuatro virtudes principales:

La largueza, que podríamos definir como generosidad. La cortesía que en este contexto se refiere no solo a la educación si no a la belleza física, la inteligencia o la pureza del alma. También la piedad y la franqueza. 

Es obvio que nadie puede ser perfecto, pero además estos elementos entrarán más tarde en conflicto con uno de los fenómenos más importantes para la caballería y el feudalismo: el amor cortés. De él hablaremos en la siguiente entrada. 

La fuerza del poder cristiano creó un vínculo entre la carrera militar y la religiosa, permitiendo la aparición de las órdenes de monjes guerreros (como los templarios) y de luchas definidas como santas. 

Tapiz de Bayeux

Dicho esto, dos corrientes principales han surgido de las historias sobre la caballería. 

De su idealización y posibilidad de una nobleza real y casi perfecta son testigo las obras de Tolkien y herederos como la Dragonlance. No significa que estos personajes no tengan matices. Cualquiera que haya leído el Señor de los Anillos sabe que hay bastante más gris de lo que parece a primera vista. También en la Dragonlance o las Crónicas de Belgarath de Eddings. Pero sus historias son mucho más cercanas al romance clásico de amor cortés. Personajes como Aragorn encarnan al caballero ideal. 

De su realidad se han encargado obras como Canción de Hielo y Fuego y el género grimdark. Para esta corriente aunque puede haber razón en una causa armada nunca hay justicia. Los personajes, incluso los más cercanos al ideal como Rob Stark, demuestran una y otra vez la imposibilidad de cumplirlos. En el caso de este popular personaje (si no quieres un spoiler de CDHYF no continúes este párrafo) una relación será su perdición. Sabe de sobra que está faltando a su palabra (pierde el ideal de franqueza) y aún así decide casarse. Es por lo tanto, como todos los demás, un hombre movido por una fuerte pasión. Su pathos será interesante seguir analizándolo cuando hablemos del amor cortés.

CDHYF y ESDLA poseen además una peculiaridad. Dentro de su narrativa expandida cuentan con la parte idealizada (como el caballero errante, una historia del pasado) y una oscura, donde los ideales han flaqueado y se añoran las glorias antiguas. En el caso de Martin esos tiempos soñados son una mentira y por lo tanto nunca podrían volver al menos del todo y en el caso de Tolkien han llegado de nuevo con un personaje tan Artúrico como Aragorn.

Uno de los constructos medievales más repetidos en la fantasía occidental es el poder monárquico. Ya sea con poderes absolutistas (ESDLA) o más puramente feudales (CDHYF) es uno de los tópicos más comunes.

Sin embargo, probablemente por la enorme influencia protestante, llama la atención la poca visibilización de la figura papal en las ficciones de corte más idealizadas. A pesar de la indudable inspiración que supusieron las cruzadas para el género, los caballeros templarios o el clero de más bajo rango es, relativamente, más complicado encontrar una estructura eclesiástica similar a la del medievo europeo. Además, cuando sí aparece un papa, tiende a ser una figura corrupta incluso en las historias menos crudas. 

Un ejemplo de una figura similar estaría en la Espada de Joram, de Margaret Weiss y Tracy Hickman. El personaje recibe, dejando clara la inspiración, el nombre de Patriarca. Este personaje tiene un poder tal que puede incluso volverse en contra de los deseos de los Emperadores. Muy similar al verdadero poder del Papa católico.

En las novelas de la Dragonlance, cuyos arquitectos son también Weiss y Hickman, la importancia de la religión es enorme. En la orden de los caballeros de Solamnia se perpetúa especialmente este momento histórico y encontramos figuras como la del Sumo Sacerdote. Este personaje aúna el poder religioso y el monárquico en su forma eclesiástica. No obstante es de nuevo un evento del pasado y pese a la lucha contra Takhisis (una diosa malvada) o la aparición de sectas nocivas como la de Haven, al margen del mencionado Sacerdote no hay muchas más figuras realmente similares al Papado. Sus representantes actuales poseen mucho menos poder y empiezan casi exiliados. Además, es curiosamente el Sumo Sacerdote de Solamnia el culpable de un cataclismo que casi acaba con el mundo.

Dentro de los géneros más oscuros de la fantasía, podemos volver de nuevo a CDHYF. La trama eclesiástica en la que Cersei se ve envuelta es una prueba fidedigna del poder que las instituciones religiosas ostentaban en el medievo.

Un poco entre medias podemos ubicar la Crónica del Asesino de Reyes de Patrick Rothfuss. Aunque aún no tiene un mundo tan amplio como los universos anteriormente mencionados, el autor estadounidense optó por una representación muy católica para la Iglesia Telhina. Sin embargo, aunque es una organización muy jerárquica y aparecen monjes guerreros, no se sabe mucho de la cabeza de su Iglesia. A pesar de la importancia de la institución y de la trama poderosamente mística que presenta, el juego de poderes queda anclado a personajes de menor rango o aún demasiado desdibujados.

Una amalgama de todo lo anterior es Brandon Sanderson. Además de crear alucinantes sistemas mágicos este autor mormón tiene un gran interés en la religión. Para poder hacer un buen análisis del Archivo de las Tormentas, donde todo el peso de la trama cae en la caballería y la religión, aún tendremos que esperar un tiempo. Pero en el Imperio Final, primer libro de la trilogía Nacidos de la Bruma, encontramos a la figura del monarca absolutista que además aúna el poder religioso. Esta herencia de la historia inglesa a partir de Enrique VIII aparece también en varias novelas.

Es relativamente común convertir la religión en una serie de costumbres o, incluso, hacerla invisible. Este es el caso de Aprendiz de Asesino, libro primero de la Trilogía del Vatídico escrito por Robin Hobb y que sin embargo está plagada de referencias a la caballería y el feudalismo.

Aunque su ubicación temporal no es similar a la Edad Media, el tebeo superheróico bebe mucho de la caballería. Y aquí es interesante mencionar, aunque sea de pasada, la situación de la religión. Dios es uno de los conceptos más repetidos en esta ficción. El enfoque más habitual es el cristiano, pero la puerta está abierta a otras religiones. Sin embargo no es tan habitual que aparezcan personas dentro de la jerarquía religiosa.

En la ficción heroica lo más importante no suele ser el dinero. Incluso en los superhéroes que son especiales por ello, como Batman, la historia hace hincapié en sus valores, inteligencia y fuerza. Personajes como Superman cumplen con el código de Caballería de manera casi impecable. Y, a consecuencia, esta narrativa eleva la Caballería a convertirse ellos mismos en algo muy similar a dioses. Por encima de reyes, papas o presidentes del gobierno. Es, al fin y al cabo, parte del trasfondo en las famosas Civil War de Marvel. 

Una de las cosas que sí ha heredado la fantasía épica de la estructura eclesiástica es que el equivalente a un papa o a un mesías es casi siempre un varón. Es algo que llama mucho la atención, pues las mujeres suelen ser representadas como el elemento curativo ligado a la religión del grupo. Salvo excepciones como Crysania en el mundo de la Dragonlance no terminan en el escalafón más alto de la jerarquía. Incluso en la Rueda del Tiempodonde las Aes Sedai son una fuerza mágica y religiosa indiscutible, a nivel mitológico Rand Al Thor se sitúa por encima de todos. Es decir, quizá lo más similar al papa sea la Sede Amyrlin, pero desde luego el mesías sigue siendo masculino.  Además se termina creando la contrapartida masculina, la Torre Negra.

En conclusión tenemos aquí otra prueba de que en general la defensa de una historia a través de un supuesto realismo histórico medieval no es posible. Los autores, desde los albores del género, han elegido las partes que más convenientes resultaban en su mundo.