Me pasa una cosa tontísima. Soy mujer y de izquierdas y tengo tendencia a hablar de ello. Además me encanta hacer análisis y reseñas de las obras que me gustan y, por supuesto, mi ideología es una parte importante a este respecto. Pero tengo el gusto de un Señor problemático.
No me avergüenza, no me tortura. He hecho las paces conmigo misma. Es lo que es. Creo que la clave está en saber qué haces y por qué. Saber que no siempre se puede ser consecuente con todo pero que hay que intentarlo, que dónde pones el dinero importa, que no se puede separar autor de obra, pero que lo más importante es saber ser crítico con las cosas. Que no es un todo o nada pero que, a veces, sí que hay que cortar de raíz. La industria no va a cambiar si nosotros no cambiamos.
Y por qué os suelto todo esto. Pues porque me gusta mucho el trabajo de Brandon Sanderson pero en mi lado de internet he perdido casi todas las ganas de hablar del tema. Sé que a la gente que leo yo lo que le ha cansado son los fans de él, que están por todas partes, que son muy pesados. Pero, como no sigo a esa gente y no soy una persona popular a la que le lleguen muchos comentarios random, a mí lo que me ha cansado hasta el extremo son los antifans. No sé si son conscientes de lo pesados que son, porque cada vez que alguien da una opinión negativa de él la da como si se lanzase al foso de las hienas, pero os juro que lo son mucho.
Hasta el extremo de ponerme de muy, muy mal humor. Vamos, que estamos todos hasta las narices de todo en un uroboros que no para de susurrar Sandeeeersoooon.
Es mormón, sí. Ojalá no fuese mormón. Los mormones financian a su terrible organización y perpetúan una secta horrible. Parte de cada euro que se pone en Sanderson va a ese lugar destinado a hacer del mundo un lugar peor. Y me parece muy, muy importante hablar de esto. Y entiendo perfectamente que mucha gente no solo no quiera participar de ello si no que se enfade porque otra gente lo haga.
Ahora bien, lo que no voy a comprender nunca es a la gente que lo enfoca como que tiene que dejar de ser mormón porque se le ha dicho ya muchas veces. Este señor nació en una estructura entera generada por la secta. Sus universidades, sus viajes de reclutamiento, cada aspecto de su vida desde pequeño grita mormonismo. Su familia entera, que incluye sus niños, está dentro. Tendría que cambiar toda su configuración cerebral, embutida desde que nació, dejar de hablar con sus seres queridos y, probablemente, empezar una batalla legal por sus hijos. Amén de mudarse.
Mucha gente, sobre todo del colectivo LGTBI+, ha pasado por esto. A la fuerza, además. Y es una mierda y ojalá, ojalá gente como Sanderson estuviera dispuesta a luchar. Pero yo sé que, aunque en menor medida, yo no lo he hecho. No soy católica, pero he ido a actos religiosos por mi familia. Y han contribuido al dinero de la Iglesia. Incluso he pagado por entrar a ver catedrales. He formado parte de esto y, en fin. Sé que voy a volver a formar parte de ello. Es lo que es. Y lo mismo la Iglesia Católica parece estar en un punto diferente a la mormona, pero el caso es que aquí en Madrid están, por ejemplo, desahuciando a un señor de 67 años. De nuevo, como decía al principio, ojalá poder ser consecuente siempre. Pero no lo soy. Y no voy a esperar que Sanderson sea el que cambie el mundo cuando yo tampoco lo estoy cambiando.
No obstante, precisamente, se le han dicho muchas cosas. Y, lo que me ha hecho seguir la carrera de Sanderson a lo largo de los años, es precisamente ver que escucha. Incluso aunque la cague estrepitósamente en su representación, y le ha pasado a menudo, lo intenta. Y es más de lo que muchos pueden decir. No creo que se merezca un premio por ello, no creo que todo se perdone porque le puso algo de ganitas a ser buena persona. La decencia básica no se merece una medalla. Pero a mí, en lo personal, me importa mucho. Y estoy segura de que a mucha gente dentro del mormonismo que se siente incómoda y no sabe muy bien qué hacer, también.
Además he dicho varias veces ya en Gorgonas que una de las cosas con las que más me gana un autor es ver que le importan los géneros especulativos tanto como a mí. En Sanderson está claro que es así. Por mucho que esté copando espacios que no debería también está dando visibilidad a otros, de forma constante. Y no voy a culparle a él de lo que hay que culpar al sistema editorial, además. De hecho encuentro hilarante la de gente que señala a un autor, a un océano de distancia, de lo que está haciendo aquí en España gente con nombre y apellidos del mundillo patrio.
Quizá es que yo he quemado ya tantos puentes que lo que me queda es reírme desde las gradas. Pero lo voy a repetir una y otra vez: menos lanzar balones fuera y más mirarse a uno mismo y al propio grupo de amigos y relaciones.
En fin. He pensado muchas veces en escribir versiones de esta entrada mucho más pensadas, organizadas y explicadas. Pero al final siempre me daba pereza. Porque para qué. Desde luego lo que no iba a hacer era hablar sobre el trato de Apple TV y el paso de Sanderson a la pequeña pantalla. Pero ha sucedido que un chico muy majete e interesante, bastante activo en el mundillo, Carlos J. Eguren, ha sacado un comentario sobre el tema en su substack.
Carlos y yo no es que estemos en las antípodas de la opinión sobre Sanderson porque, de hecho, estoy de acuerdo con muchas cosas que dice. Incluso aunque muchas de ellas las enfoque desde otro ángulo.
Lo que estamos es en ese desacuerdo que, en vez de cansarme, me hace querer comentar cosas. Aún más porque ha utilizado la expresión espero que genere debate. Y yo lo que he querido siempre sobre Sanderson es eso, un debate, y no gente gritando que es que es un escritor perfecto, o terrible, y que todos los demás están equivocados.
En su substack, Carlos reflexionaba sobre si la adaptación de sus obras era o no una buena noticia. Sobre el espacio que ocupa, la necesidad de que todo libro sea adaptado, el papel del mormonismo en la literatura anglosajona fantástica y la situación general de la industria. Él concluye que no es una buena noticia.
Para mí es una noticia excelente.
Estoy muy de acuerdo en que hacen falta sagas nuevas, que el cine y la televisión empiecen historias originales y en que a los libros no les hace falta ser adaptados.
Lo que pasa es que a mí me encanta ver la idea que tienen otras personas de obras de ficción que conozco. Os comenté por ejemplo con Crepúsculo, que me chocó muchísimo descubrir que, lo que para mí es más importante del libro, era una cosa totalmente diferente incluso para la propia autora. O con la adaptación que hizo Virdi de El Nombre del Viento en The First Binding, que salí horrorizada.
En este caso, además, Sanderson va a escribir parte y va a tener control creativo. Y creo que esto va a ser importantísimo en su carrera por la decisión a la que se va a enfrentar. Y también para sus fans.
Veréis, voy a volver a hablar brevemente de El Nombre del Viento. Yo tengo una teoría y es que a Rothfuss una de las cosas que le bloquea es que no puede reescribir a sus personajes femeninos. La ficción y la sociedad han evolucionado y él está atascado en una saga que, a fuerza, no puede reflejar la persona que es ahora.
Sanderson, prolífico como es, no tuvo ese problema. Escribió a Vin y se quedó más ancho que largo en el momento. Y, con honestidad,Vin me parece un personaje terrible. Una disquisición más sobre feminidad en Nacidos de la Bruma y me daba algo. A mí el primer libro me encantó, los otros dos no. Sobre todo por ella. Pero lo que es, por encima de todo, es hija de su tiempo.
Y ahora estamos aquí. 2026. Su forma de escribir ha evolucionado muchísimo. Sigue pegándose con sus valores, sigue intentando aprender y mejorar su representación y contrata lectores de sensibilidad. No voy a decir que ahora lo haga genial, ni siquiera bien, pero desde luego es un tema en el que trabaja y por el que, de hecho, le han criticado mucho también desde los sectores conservadores.
En una mano tiene la posibilidad de hacer una versión revisionista de Mistborn. Lo que Rothfuss yo creo que más desearía. Por otro tiene también la posibilidad de hacer lo mismo con el Archivo de las Tormentas y, si leéis reseñas de ciertas ideologías, las críticas hacia que se ha vuelto woke son bestiales.
¿Qué va a hacer Sanderson al respecto? ¿Qué va a significar esto, teniendo en cuenta que es un autor que marca tendencias en la fantasía?
Por otro lado me parece una buena noticia porque quiero que la fantasía tenga éxito televisivo y cinematográfico. Creo que Sanderson ha estado muchos años rechazando ofertas para intentar hacer algo que merezca la pena y, aunque tengo una fe moderada, es otra oportunidad más para el género.
También pienso mucho en los niños y adolescentes. Es una frase rara de decir, pero es parte de por qué me aferro tanto a lo especulativo. No sé cómo habría sobrevivido a mi infancia sin cosas como Buffy, El Señor de los Anillos o la Dragonlance. Y en unos años un montón de críos van a tener la oportunidad de ver esto, flipar en colores y seguir adelante cuando todo lo demás sea una mierda. Van a conocer a gente a través de estas películas y series, si tenemos suerte.
Y joder, eso es tan, tan valioso. Es un mundo inmenso entero en sus manos para no perder la sensación de que la vida merece la pena.
Podría ser con algo no anglosajón, con algo escrito por alguien que no fuera un mormón blanco cis hetero, y me gustaría que las niñas del mundo vieran algo mucho mejor que Vin. Pero no sé, a mí me habría encantado Nacidos de la Bruma de cría.
En cuanto a la saturación por Sanderson, bueno. Creo que se ha pasado de prolífico con los proyectos secretos. Creo que el Cosmere se le ha ido un poco de las manos. Pero me cuesta un poco empatizar con este problema cuando, como os digo en el principio de la entrada, a mí lo que me cansa es el movimiento opuesto. Lo que me agota de que salga es, precisamente, saber que me voy a tener que tragar el triple de comentarios negativos y a chorrocientas personas insistiendo en que es un escritor terrible que hace cosas de mierda.
A la vez tengo la esperanza de que, si la serie es buena, también me haga conocer a gente nueva que tenga mal gusto como yo. Este tipo de lanzamientos grandes suelen ser una buena plataforma para eso. Y es que mi opinión no es minoritaria, pero la mayoría de gente que conozco con opiniones similares a las mías se ha terminado yendo de redes sociales.
En fin, casi 2000 palabras. Podría decir mil cosas más pero esta es ya una de las entradas más largas de Gorgonas. No leáis a Sanderson si no queréis, haced pedagogía contra los mormones, criticad su obra (yo soy la primera que lo hace). Pero sabed que ponerle a caer de un burro no es una opinión tan impopular como parecéis pensar y que, aunque este señor sea un tibio, un mormón y bastante conservador, hace avances. Y para vosotros no tendrá ningún valor, pero para mí sí.

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