Leer «la Rueda del Tiempo»: Robert Jordan, Harriet McDougal y Brandon Sanderson

La Rueda del Tiempo es, con diferencia, una de las sagas de fantasía épica más famosa. Aún así tiene muchas cosas en contra para alcanzar a una gran parte de lectores de género: son libros largos en una colección larga, el corte clásico echa para atrás a mucha gente que busca narrativas rápidas o más actualizadas socialmente y, además, la sensación de tener a un montón de gente juzgándote por no ser un verdadero fan de la fantasía en realidad no ayuda a mirarlos con buenos ojos. Teniendo en cuenta todo esto mi objetivo con esta serie de entradas es hacer una explicación sobre sus orígenes, qué es, qué polémicas vais a encontrar, el estilo, el cambio de autor, y cuáles diría yo que son sus puntos a favor. En las entradas introductorias como esta evitaré spoilers en todo momento y, si me meto en análisis de la propia obra, siempre irá avisado desde el principio de la entrada.

EL AUTOR: ROBERT JORDAN

La imagen es de este vídeo promocional de Tor

James Oliver Rigney Jr. nació en 1948 en Charlestone, Carolina del Sur. De su trayectoria previa a la escritura tenemos constancia, sobre todo, a partir de haberse alistado en el ejército estadounidense, acción que le llevaría a dos rondas en la guerra de Vietnam primero como artillero en helicóptero y después como sargento entrenando tropas. Del conflicto salió con varias condecoraciones: una cruz de distinción al vuelo, dos estrellas de bronce y dos cruces vietnamitas por valentía. No tengo ni idea de cómo se traducen este tipo de títulos así que si los he nombrado mal, disculpas.

Y ¿qué pensaba sobre la guerra de Vietnam? Pues es difícil decir algo categórico. En muchas entrevistas habla de sus experiencias y cómo han influido en su escritura. Son comentarios sobre cómo los soldados deben enfrentar un cambio moral, la supervivencia incluso cuando tienes que hacer cosas contra las que te han educado, o sobre su experiencia en el helicóptero disparando cuando veía cosas moverse sin saber qué eran.

Más específico es en su entrevista para Starlog en 1991, cuando acababa de publicar el segundo de la saga. Dice:

Sí creo que los personajes militares en mis novelas de fantasía son más realistas en cuanto a cómo son realmente los soldados, cómo se sienten respecto al combate, respecto a ser soldados, respecto a los civiles. Más allá de eso mi tiempo en Vietnam ciertamente ha afectado una especie de visión moral. No solo en base a lo que me pasó a mí, también en el abandono a unas personas que han arriesgado todo por nosotros. Empezó para mí en una búsqueda por la moral, en lecturas tanto religiosas como filosóficas, y en mi escritura. De nuevo, uno de los temas centrales en la Rueda del Tiempo es la lucha entre las fuerzas del bien y el mal. ¿Cuánto tiempo puede uno luchar contra el mal sin convertirse en el mal él mismo? ¿O mantienes la pureza a costa de la derrota del mal? Tengo cariño a decir que si la respuesta es demasiado sencilla probablemente has hecho la pregunta errónea.

Si buceáis en el gran catálogo de sus entrevistas veréis que, aunque defendía la existencia de males absolutos tanto en acciones como en personas (el nazismo o Stalin) también hablaba de las causas detrás de esa maldad sin excusar por ello lo anterior.

Lo que está claro es que consideraba importante defender los valores de las democracias occidentales y que deja ver por aquí y por allá un poco de lo que considera el mal menor. Todo, siempre, con esa búsqueda que podéis ver en el párrafo que os he citado arriba sobre qué es malo y qué hacemos para luchar contra ello. En qué nos convierte eso.

En una entrevista comenta su mujer que la rueda del tiempo empezó bajo la pregunta qué pasa si te dicen en el mismo momento que eres el salvador del mundo y que te vas a volver loco por ello. Creo que es una sentencia bastante autoexplicatoria.

Para mí ha sido profundamente desagradable leer sus anécdotas específicas y un shock en general, aunque reconozco que era de esperar por época que estuviese involucrado con esa guerra. Tengo muchas opiniones, ninguna viene al caso ahora mismo, pero también me ha ayudado leer sus propias disquisiciones al respecto.

Pero bueno, sigamos.

Rigney volvió de Vietnam y entró a una universidad militar, The Citadel, donde obtuvo en 1974 un título en física que le llevaría a trabajar como ingeniero nuclear para la marina. Mientras se dedicaba a esto una fuerte lesión en la rodilla desencadenó en una larga y aburrida hospitalización. Fue aquí cuando empezó a escribir.

Con su nuevo camino artístico empieza también el de los pseudónimos. Se adentró en varios géneros (como la novela histórica o el western) y para cada uno de ellos utilizó un nombre diferente. Robert Jordan se creó para su primer trabajo publicado de ficción especulativa, proseguir con la saga Conan de Robert E. Howard de la que sacó seis novelas y de la que editó autores posteriores.

Como dato curioso, en la misma entrevista de 1991 para Starlog que mencionaba arriba comentó que estuvo a punto de rechazar la oferta porque no se sentía seguro respecto a escribir en el universo de otro.

Una gran parte de este proceso, desde la publicación de la novela histórica The Fallon Blood hasta el final, sucedió de la mano de su editora y después pareja, Harriet McDougal.

LA EDITORA: HARRIET McDOUGAL

Nacida en 1939 en una familia conservadora también de Charlestone, Harriet Popham McDougal Rigney tuvo un padre militar que vivió Pearl Harbor, una madre todoterreno y una hermana mayor con la que se llevaba veintiún años. Estudiante modelo intentando evitar así terminar en un internado para señoritas, entró a Harvard en una época de gran machismo.

Consiguió su titulación con especialización en inglés, disfrutó un tiempo de vuelta en su ciudad natal y terminó buscando trabajo en Nueva York donde se casó con Ed McDougal, se interesó por el movimiento feminista y tuvo un hijo. Aquí empezó su trabajo como editora, oficio en el que persistió incluso después de divorciarse y verse como la fuente de ingresos de su pequeño.

En ese ambiente conoció y fue compañera de trabajo de Tom Doherty, más tarde fundador de Tor y quien la convertiría en editora jefe para su gran proyecto. A pesar de que para ese punto McDougal se había mudado de vuelta a Charlestone, para Doherty era tan importante contar con ella que le asignó el puesto dándole igual la localización remota. De hecho, asegura, es la mejor editora que ha conocido.

En este momento nos encontramos en un período de impresionante efervescencia especulativa, los setenta/ochenta, y ella se convertiría en una de sus grandes arquitectas. Entre sus trabajos más destacados al margen de la Rueda del Tiempo están, por ejemplo, el juego de Ender y la Compañía Negra.

A mí en especial me gusta destacar que, en parte gracias a su labor en la editorial, el primer libro de Tor fue de una autora: Forerunner, de Andre Norton, escritora de ciencia ficción desde 1934 y que empezó su carrera bajo seudónimo masculino.

También os aviso de que es una de las cosas más tiernas del mundo leerla hablar sobre su marido, sobre su dulzura, fuerza, la manera en la que se ponía nervioso dándole regalos o cómo se ganó a el cariño de su hijo.

Después de este breve desvío volvamos al tema. Harriet McDougal estaba en Charlestone trabajando de editora jefe y, en una librería, una vendedora le habló de un escritor que estaba haciendo novela romántica. Interesada le dejó sus datos. Al final resultó que Rigney/Jordan no iba a escribir eso de verdad, pero su relación laboral y luego sentimental despegó.

Después de Conan y The Fallon Blood, llegaría en 1990 el ojo del mundo, primera novela de la rueda del tiempo. Esta saga ocuparía la vida de autor y editora desde la firma del contrato, en el 84, hasta el triste fallecimiento de Rigney.

Aunque hacia los últimos libros que llegó a publicar de la saga McDougal asegura que ya no tenía mucho que ofrecerle como editora, es conocida, además, como la encargada de los títulos para cada capítulo.

LA LLEGADA DE BRANDON SANDERSON

El 23 de marzo de 2006 apareció en la revista Locus una carta que devastó a los fans a lo largo y ancho del mundo: Robert Jordan anunciaba su diagnóstico de amiloidosis con cardiomiopatía, una enfermedad rara de la sangre que con tratamiento le daba una esperanza de vida de solo cuatro años más.

En ese momento la publicación de la rueda del tiempo iba por el tomo once, cuchillo de sueños, y en su artículo Jordan aseguraba (en un tono de broma) que aún le quedaban treinta libros más y que pensaba terminarlos todos.

Como tristemente os podéis imaginar, esto no llegó a suceder. Falleció en 2007 sin poder llegar a publicar ninguno más.

Durante su vida había sido conocida su posición de que lo que no llegase a publicar fuese destruido para que ningún otro autor retomase la saga, pero no fue algo que mantuviese durante su última época. Encomendó a McDougal buscar un escritor y dejó todo lo que pudo adelantado y explicado para un último volumen que se llamaría un recuerdo de luz.

Con 32 años y dos libros publicados en ese momento (Elantris y el Imperio Final) aparece entonces en la historia Brandon Sanderson, un gran fan de la saga que dolido por la noticia y sin saber lo que vendría después le dedicó una elegía en su web.

El texto llegó a manos de McDougal de parte de una amiga que estaba recopilando palabras bonitas sobre Jordan para animarla. En lo alto de la pila estaba Sanderson. La editora, viendo que era escritor y además de Tor, se puso en contacto con el fundador para pedirle alguno de sus libros. Así llegó a sus manos el Imperio Final.

Le pareció que entendía bien a su marido aunque era un poco más oscuro y pensó que, al fin y al cabo, un poco de esa oscuridad podría convenir al final de la saga según los protagonistas se iban acercando a su destino. Con todo esto en la mano decidió ofrecerle la peligrosa y jugosa misión de terminar una de las sagas más famosas e importantes del género.

Varias llamadas perdidas y un e-mail de te prometo que no soy tonto, Harriet, después, el escritor de Nebraska aceptaba el encargo. Aún hubo aquí un período de espera (McDougal no había terminado de leer aún el Imperio Final), pero el acuerdo en realidad ya estaba cerrado.

Se reunieron en casa de la pareja sureña, en Charlestone, y allí sucedió el momento en que la obra pasó de manos y Sanderson pudo leer el final. Todas esas partes se dividieron entre el epílogo y algunos trozos previos y, durante cinco años, ante el inmenso volumen de información, trabajó en lo que finalmente fueron tres libros.

Y la rueda del tiempo volvió a girar.

WEBGRAFÍA

Una gran cantidad de información la he sacado de una web de fans de la rueda del tiempo llamada THEORYLAND. Sus participantes se han tomado la molestia de hacer un archivo indexado de sus entrevistas, un trabajo fabuloso. Podéis hacer vuestras propias búsquedas en: https://www.theoryland.com/wheel-of-time-interview-search.php (consultada por última vez el 24/10/2021)

Os dejo con una selección de las que he leído y extractos con términos de búsqueda para hacerme una idea de sus opiniones:

CARTA DE ROBERT JORDAN PARA LA REVISTA LOCUS SOBRE SU ESTADO DE SALUD (consultada por última vez 24/10/2021)

The Wheel of Time: The Robert Jordan Story para Tor.com (consultada por última vez el 24/10/2021)

Sobre Harriet McDougal:

Sobre Brandon Sanderson:

2 comentarios sobre “Leer «la Rueda del Tiempo»: Robert Jordan, Harriet McDougal y Brandon Sanderson

    1. Es una decisión difícil. Tiene muchísimas cosas a favor pero es un compromiso económico grande, muy largo (además esto no es como en otras sagas que hay puntos en los que se hace fácil dejarla) y luego hay otras consideraciones de gustos personales y, como con todo, incluso éticos.

      De hecho empecé estas entradas pensando que si no la hubiese leído ya ahora mismo no la leería. Pero a la vez me habría perdido una de las sagas más importantes para mí.

      En fin, no aburro más jajaja ¡muchas gracias por comentar!

      Le gusta a 1 persona

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