Es bastante común en el ambiente patrio artístico tener una relación ambivalente con España. Por un lado hemos vivido todas las cosas insufribles del país, la falta de financiación, el desdén constante, el desprestigio. Por otro es nuestro mercado, nuestra casa, nuestro idioma y una parte fundamental de las personas que somos. La cuna de nuestro sentido del humor.
Esto ha producido un tira y afloja en nuestra ficción. Una representación constante de la guerra civil, un alejamiento del entorno anteponiendo ambientaciones anglosajonas, nombres de fuera, películas y series de humor zafio. Intentos constantes, en fin, de hacer las paces con nuestra herencia y de vivir en paz.
En mi caso esa pulsión ha producido un anhelo y un rechazo. Un anhelo porque siempre estoy esperando encontrar una representación de lo español que me guste. En el drama, de la mano de las Bea Lema o los Paco Roca, la he encontrado. Pero el rechazo llega con el humor. No digo que no haya obras de humor de temática muy española que no me gusten (aunque ahora mismo tenga dificultad para pensar en alguna), pero desde luego es raro.
A eso añadid volcarlo en un mundo fantástico, mi género favorito, y entonces nos vamos a una entelequia.
Pero entonces llegó Nebesta.
Vanesa Figal hace muchísimas cosas increíbles que me parecen objetivas. Pero, de forma subjetiva absoluta, lo que ha escrito es humor español bien hecho. En mi España, la mía de verdad, no un tópico extraño y a menudo desagradable.
Tiene una parte dramática que, además, va justo a un tema sensible en mí. Pero nada me encogió tanto el corazón y me dio tantas ganas de llorar (porque sí, soy una llorona) como el encontrarme por fin con algo que llevaba tanto tiempo queriendo ver. Las partes en las que me reí.
Nebesta es la historia de una princesa llamada Teresa que, para mantener su estatus, necesita superar una serie de pruebas. En su ascenso a la terrible montaña la acompañaran los aventureros Muriel, Oskitz y Laia. Que, por supuesto, resultan ser tan carismáticos como desastrosos.
A la vez, todo el evento se emite en directo con un novedoso sistema de espejos (el enantiovisor), del que está encargado uno de esos emprendedores que le gustan tanto a los partidos de derechas.
Con esta descripción del argumento lo que más me gustaría que quedase claro es que es, sin ambages, un shonen o manga juvenil, como prefiráis llamarlo. El dibujo de Konata y la línea en la que se inscribe (antes de salir en tomo fue serializado en Planeta Manga) te dan a golpe de vista la idea adecuada: ficción japonesa. Y aquí podréis decir a parte de los nombres entonces de qué hablaba la cansina esta. No os preocupéis, que me explico.
Lo primero que me une a la narrativa de Vanesa Figal es que yo también me he criado con el anime y el manga. Una parte inextricable de qué es España para el millenial medio son mañanas y tardes de infancia pendientes de La Familia Crece, Sailor Moon, Reena y Gaudi, Dragon Ball o Pokémon. Es con lo que hemos soñado, nuestros juegos, nuestra experiencia formativa. Y de ahí en adelante, para los más jóvenes, esta influencia de lo japonés se ha mantenido estable.
Y es ese mundo ficticio que teníamos de pequeños lo que realmente ha escrito. Un lugar en el que se aúnan a la perfección la estética y estructura asiática con lo que comemos nosotros, nuestros memes, y nuestra situación social y política. Es el equilibrio perfecto en la palabra mangañol.
Os voy a poner un ejemplo sobre a qué me refiero con equilibrio. Hay un autor francés, Tony Valente, que tiene un manga famosísimo llamado Radiant. Es una obra que a mí me parece excelente pero con la que tengo una pega enorme, y es que decidió mantener el humor (a menudo misógino) que encuentras en el tebeo japonés estándar.
No quiero decir con esto que el humor francés y el español no sean misóginos, lo son, mucho. Pero hay un cariz muy específico en el tipo de dibujos y acciones del manga juvenil.
En el caso de Nebesta no tenemos nada de eso. Ni de lo misógino ni de ese humor tan del país del sol naciente. Aquí lo que vamos a encontrar son vendedores de croquetas en el momento adecuado, miel de la alcarria, criaturas conejiles maravillosas y una pequeña revolución que, en pura esencia nuestra, se hace con frases de memes. Incluso un pequeño fenómeno fan que te hace sentir igual que entrar a tus redes sociales.
Ah, y algunas cosas misceláneas como una broma de buen gusto con la Era Reputation de Taylor Swift. Que no tiene nada que ver con nosotros pero en algún momento de la entrada tenía que contarlo.
Fuera del tema español la dinámica de los personajes, pese a las pocas páginas que tienen para desarrollar su relación, funciona de manera increíble justo por el humor. Los desastres constantes, las tensiones, y cómo lo va mezclando con el apartado dramático del trauma, me ha hecho adorar a todos y cada uno. Incluso al emprendedor, sí.
Hay muchos grises en la historia, cosas complicadas y dolorosas, y esas están muy bien escritas también. Aunque es Teresa la que está siendo puesta a prueba, a todos los personajes les da un momento para demostrarse que la valía es algo diferente a lo que nos dice la sociedad. Para crecer, desarrollar su trama y conocer pequeños detalles que hacen que mataría por una saga.
Otra cosa que no sabía dónde meter en la entrada, pero que necesitaba decir y este parece un lugar semi adecuado, es que también mataría por merchandaising. Planeta no parece saber lo que tiene aquí y me da una pena y una rabia increíbles.
Pero bueno, sigo. Volviendo brevemente al tema de España y la representación, pero saliendo del sentido del humor, hay muchas referencias culturales e idiomáticas que también valen su peso en oro. Además están totalmente asimiladas a la historia, no hay momentos de exposición didáctica ni similares.
El tema social, como ya aventuraba unos párrafos más atrás, es más abierto de a lo que nos tiene acostumbrados el manga medio. Tiene, por ejemplo, un personaje no binario. No soy quien para hablar de esto pero a mí me parece muy bien tratado.
Y, hablando de representación, por supuesto hay que recalcar que es Yuri. Por si no lo sabéis, Yuri es la palabra con la que designan en Japón las historias de relaciones íntimas entre mujeres. Por el hecho de que es un género propio os podéis imaginar que es (al menos relativamente) común. Pero también creo que, en la misma línea, os podéis hacer a la idea de que tenemos muchas diferencias con un país que no tiene legalizado el matrimonio homosexual.
De nuevo, como con la misoginia. No se trata de que en España haya una igualdad absoluta y seamos estupendos. Pero tenemos una idiosincrasia propia y un momento social distinto que Vanesa Figal escribe muy bien. A veces incluso de maneras sutiles, sin narrarte la escena. Con portadas de capítulos.
Cerrando ya esta entrada me doy cuenta de que no os he hablado casi del apartado gráfico. Konata, la artista, dibujó esto siendo prácticamente una cría. Es un prodigio, de los que le ponen un esfuerzo titánico, que refleja a la perfección el carisma, la tensión y el tempo de las acciones que escribió Figal. Creo que era la elección ideal para este trabajo. Para la recopilación en tomo añadieron algunas páginas a color de Carlos Mercé y Andrea Camacho que le dan un toque bastante distinguido, me han gustado bastante. Sobre todo las de Mercé.
Y en fin, no me enrollo más. Si queréis un mangañol autoconclusivo, gracioso, tierno, romántico, de aventuras y con un dibujo excelente lo vais a encontrar aquí. Es una absoluta barbaridad.
En la web de Planeta se pueden ver algunas páginas, pero no os lo recomiendo porque, por algún motivo, han decidido escogerlas de la traca final.

- Autoras: Vanesa Figal y Konata
- Publicación: 2024
- Editorial: Planeta manga
- Género: Mangañol shonen. Yuri
- Saga: Autoconclusivo
- Páginas: 272
- ISBN: 978-84-1161-420-7

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