Desde que me leí Salem’s Lot en 2021 no me había puesto con Stephen King. Creo que, desde que era adolescente, es la primera vez que he pasado años sin asomarme por sus libros. Pero no hay que preocuparse, ya he acabado con la sequía y 2026 lo empecé con Carrie.
Vaya regreso he tenido.
La verdad, tengo una relación de amor odio con King. Leerle se me hace un poco una tortura. La mitad de su estilo me saca de quicio y me molestan muchas de sus decisiones narrativas. Pero me encantan sus ideas y adoro el recuerdo de sus libros. Son una fuente inagotable de impacto, cosas que se quedan contigo para siempre y que dan temas de conversación inagotables. Y os prometo que todo esto tiene que ver con mi reseña de Carrie, porque, pese a ser la primera novela que publicó, nunca me había acercado a ella. Estaba segura de que no me iba a gustar.
Es tan famosa, la película de Brian de Palma tiene imágenes tan engranadas en la cultura popular, y a mí se me hace tan cuesta arriba el estilo de este autor, que no tenía motivos para pensar lo contrario. Sin el sentido de la maravilla ¿Qué nos queda a King y a mí?
Pues al parecer muchísimo. Decir que me ha sorprendido para bien se queda corto.
Por si no la conocéis, Carrie es una adolescente con poderes telequinéticos. Los ha tenido desde siempre y su madre, una extremista religiosa, los considera una aberración. En general, para esta señora todo viene del demonio. La menstruación, el pecho, el deseo sexual, los amigos. Todo. Todo es malo y Carrie es mala por formar parte de ello. Así que la maltrata, le oculta cosas, y la aisla de la sociedad.
La sociedad, por su parte, es una ciudad pequeña en Estados Unidos. Un lugar costumbrista, sin nada remarcable, como suele ser habitual en Stephen King. Allí, en su instituto, Carrie es sometida a un acoso escolar terrible por parte de compañeros y profesores. Para cuando un par de personas se plantean cortar el ciclo ya es tarde. Sabemos, desde la primera página, que la noche del baile de fin de curso todo va a colapsar.
Es, de manera muy obvia, una reinterpretación de La Cenicienta. No es sutil. La primera parte es su relación con su madre, el abuso doméstico, la falta de enseres, su trabajo como costurera. Cuando llega la mitad del libro aparecen su príncipe azul, se cose su propio vestido, resulta que es guapa y, para que el hechizo se mantenga, le dice al chico que tiene que volver pronto a casa. No quiere preocupar a su madre.
En la traca final tiene que huir del baile, pierde los zapatos y sale del gimnasio descalza.
Cuando digo que es obvio lo digo en serio. No es una teoría. No sé si alguna vez King ha hablado del tema, no me ha dado por buscarlo, pero para empezar es su sello de identidad. No hay nada que le guste más que coger leyendas, cuentos y, en general, historias populares, para actualizarlas a lo estadounidense. Y, lo que King entiende como estadounidense, es el terror absoluto. Desde luego en eso no va a encontrar oposición en mí.
No cita a la Cenicienta de manera específica pero, dentro del libro, sí habla de cómo está retorciendo un cuento de hadas:
(…)and now the fairy tale was green with corruption and evil. In this one she would bite a poison apple, be attacked by trolls, be eaten by tigers.
Poco antes de esto, cuando entra al baile, utiliza para definir el ambiente del sitio la palabra Glamour. No es baladí, lleva todo el libro anticipando este momento. Es el juego de apariencias y el glamour es la magia de las hadas que manipula tu percepción.
Todas las demás cosas que se convertirán en marca de la casa a lo largo de su dilatada carrera también las vais a encontrar aquí.
King es un autor muy centrado en sus personajes, siendo este quizá uno de los elementos que más le destacan entre otros del género. Esto se transforma en múltiples puntos de vista, que cambian bastante rápido entre todo tipo de personas, y en digresiones en cursiva que nos introducen en sus mentes.
El lenguaje suele cambiar bastante entre el del narrador como tal y los momentos en los que estamos dentro del flujo de conciencia de alguien.
En Carrie todo esto va acompañado de una de las mejores ideas de la novela que es mezclar los eventos en tiempo real con entrevistas, recortes de periódico, artículos académicos e informes de emergencias escritos a posteriori. Aquí aprovecha para meter citas, que es una de sus cosas favoritas, y esta vez el miembro de la cultura popular que sale más representado es Bob Dylan.
Es una tontería, pero le define como un famoso rockero-poeta de los sesenta, porque la narrativa es en el futuro; a mí me hace muchísima gracia la idea de que en ese mundo posible haya que explicar quién es. También añade una carta de invitación al baile en la que sale una lista de canciones para el evento, y me encanta el detalle.
Otro de sus sellos de identidad es el comentario social. Permea toda la novela. Hay algo inquietante (ni bueno ni malo, solo inquietante) en saber que mientras la escribía trabajaba de profesor en un instituto.
Un detalle en el que quiero entretenerme un poco es en cómo trata la culpa. Lo que hace brillante el que, desde el principio, estés esperando a descubrir qué pasa en el baile de fin de curso, incluso aunque sepas qué es lo que va a hacer Carrie, es que todo trata de una escala. Quién es el peor de todos, a quién podemos convertir en el villano de la historia.
¿Es la madre? ¿Son los abusones? ¿Es la propia Carrie? ¿O lo son todos? ¿Quién tiene la responsabilidad del acto último? ¿Es relevante a lo que está pasando que haya personajes por los que sientes una gran empatía y otros a los que odias?
Una de las niñas protagonistas sentencia en un punto éramos críos ¿Les exime eso? ¿Hasta qué punto?
Y de aquí a otro de sus temas favoritos y de su visión de Estados Unidos. La importancia que tiene el conocimiento a la hora de tomar decisiones, la decisión consciente de no saber algo, la incultura y el fanatismo. Que cierra con una escena final, de la que no os voy a destripar nada, que he encontrado muchísimo más profunda de lo que esperaba en Carrie.
Llevo ya una reseña larguísima, pero he llegado al punto de deciros que esta tampoco ha sido mi experiencia perfecta con King. Sí, me ha gustado muchísimo, y no me lo esperaba. Y creo que en parte es porque, para lo que es él, es una novela muy corta.
Pero con todo y con eso el ritmo se me ha atropellado. El principio me ha gustado mucho, toda la parte que es casi como una autopsia de la situación. Pero cuando explota la acción y deberías quedarte con la nariz pegada al papel a mí no se me ha hecho interesante. Ha habido cosas del final que me han gustado pero no la experiencia lectora como tal.
Por otro lado King es un maestro en incomodar. Lo hace aposta, es parte del terror. Pero hay cosas que a mí no me gusta leer y una parte de cómo sexualiza a crías adolescentes me repugna muchísimo.
Además no está particularmente bien escrito. Casi nada más empezar te suelta:
And their morning sweat was light and eager
Porque así es el sudor, eager. Y no es la única de estas. A otras de las cosas raras que mete, como algunas interjecciones, les reconozco que le dan una rareza que le pega. Algo es algo.
Al hilo de esto. El libro lo he leído en inglés pero, como tiene estas cosillas, he buscado qué se ha comentado de la traducción. Y cuál ha sido mi sorpresa al enterarme de que, en algunas ediciones antiguas, la palabra tampón aparecía como tapón. En fin.
Diría muchas más cosas de esta novela, pero esta quedando una reseña eterna y extraña. Si tenéis curiosidad, echadle un ojo. Aunque solo sea para pensar en lo impactante que debió ser su publicación en el 74, en cómo ha cambiado nuestra percepción ahora que, incluso aunque no lo sepas, conoces parte de la historia porque la has visto referenciada.
Es una pieza clave del terror y la ficción en general y, pasados los cincuenta años de su entrada en sociedad, sigue siendo relevante e inquietante.

- Autor: Stephen King
- Editorial: DeBolsillo
- Fecha de publicación original: 1974
- Precio: 10,40 bolsillo
- Páginas: 256
- ISBN: 978-8497595698
- Traducción: Gregorio Vlastelica

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