Este año toca Sam Reid haciendo de Lestat estrella de rock y es una de las cosas que más ganas he tenido de ver en ficción. Así que, mientras esperamos con paciencia al verano, hablemos del primer intento de llevarle a la pantalla: la película de 2002 de La Reina de los Condenados.
En los 90 y hasta mediados de los 2000 tuvimos una racha de películas que representaron la estética gótica, mundo alternativo y violencia de una manera bastante similar: El Cuervo, Blade, Matrix, Underworld, Van Hellsing y Constantine son el grueso del género.
Y ahí, entre medias de todo eso, tenemos La Reina de los Condenados.
Para esta versión Lestat es un vampiro del siglo XVIII que, sintiéndose muy solo, decide sumirse en sueños. Le despierta la llegada del rock y, en contra de todos los preceptos que su creador le enseñó, decide montar una banda y contarle sus penas al mundo.
En su periplo va a conocer a Jesse, trabajadora de una organización que observa y registra la historia del mundo sobrenatural llamada Talamasca.
La historia mezcla un poco del libro de Lestat el vampiro con el homónimo de la saga de Anne Rice. Cambia varias cosas, fusiona personajes y saca un metraje de 1h44min que se hace larguísimo y, a la vez, es totalmente insuficiente para lo que quiere contar.
No empieza nada mal. No veo a Stuart Townsend una buena elección para Lestat, pero su voz en off al principio es magnífica. Las canciones de la banda están hechas por el cantante de Korn y los títulos de crédito, que plantean un videoclip imitando el expresionismo alemán, me parecen una elección fantástica. Ya había visto la película antes y, mientras la revisionaba, me ha sorprendido bastante lo bien que funciona toda esta sección. Hasta empecé a preguntarme cómo pude pensar que era tan mala en el pasado.
Sigue a bastante buen nivel, aunque con algún momento de vergüenza ajena, todo el primer arco. La estética con su maquillaje de lápiz de ojos intenso, ojeras, tipografía que grita principios de los mil y protagonista chulillo me funcionan de diez. Sin embargo, en cuanto termina la presentación, el descenso es cuesta abajo y sin frenos. Incluso la parte estética cada vez se hace más cutre e impostada, pasando de tribu urbana a disfraces en un abrir y cerrar de ojos.
Lo que más le pesa es su intento de romance heterosexual. Os decía que Townsend no me parece un buen Lestat, y es que no consigue sacar la figura imponente, sexy, desquiciada, capaz de ser inteligente y lamentable en el mismo segundo que, Sam Reid, por ejemplo, evoca de forma tan natural. Y no lo consigue, en parte, porque su romance con Jesse es ridículo.
No hay entre ellos nada de la tensión entre Louis y Lestat, nada de la fuerza. Él es tonto, ella es aún más tonta, y nada de la trama de ninguno de los dos es relevante o importa en realidad. No tienen carisma juntos en pantalla, no hay química, y cada aparición de ella es más aburrida que la anterior. Por si fuera poco es una de esas protagonistas femeninas cuyo encanto se basa en que, sin serlo en realidad, te tienes que creer que es que ella es diferente y especial.
Además, al apartar a Louis de la historia, despojan a Lestat de su talante caprichoso y de sus pulsiones vitales. Incluso le arrancan otro de sus amores masculinos para darle el papel, en una mezcla de cosas que veo cómo han sacado de los libros sin entender muy bien qué hacían, a otro personaje. Cuando intenta ser grandilocuente no es nada creíble.
Lestat es un personaje que tiene en su esencia enamorarse de todo y de todos y coger todo lo que quiere. Está enamorado de la vida y de la muerte como conceptos e, incluso sus ideaciones suicidas, son parte de una estética. La manera en que se representa su pasión artística es base de esto y, en la película, es solo otra cosa que han sacado del material original sin pensar en por qué funcionaba ahí.
Tampoco parecen entender que están haciendo una película de vampiros sexys que deben tener un carisma arrollador y que, se supone, tiene que ser divertida. Oscura pero graciosa, atrayente, y sin los filtros sociales que tienen los humanos.

De la mitad al final lo único que la salva un poco es que me gustan las referencias artísticas constantes y que las escenas musicales siguen siendo interesantes. Eso y que, en medio de un montón de personajes anodinos, hay dos momentos de Marius (aquí el creador de Lestat) que me gustan. Os daría algo más de contexto de Marius, que es uno de los pilares de las crónicas, pero es que la película no lo da. Y bien que no lo de, porque sería aburrido, pero se vuelve un problema cuando de golpe empiezan a aparecer y aparecer personajes que se supone que te tienen que importar y no podrían darte más igual. Eso sí, todo plagado de guiños a lectores de la saga.
Tampoco la protagonista/antogonista, Akasha, que estuvo representada por Aaliyah y es quizá la única elección buena de casting para mí, tiene un personaje bien planteado. Que gane o pierda es otra de las cosas que no podrían importar menos al espectador, hasta el punto de que el final es lo peor de toda la cinta.
Es difícil hacer casi dos horas de metraje en los que haya tanto relleno y una historia que podría haber dado tanto de sí de fondo. A veces hasta siento que le tengo una inquina injusta a la película porque, viendo el potencial que tenía, siento rabia de que terminasen haciendo algo con tan poca alma.
Cualquier otro fallo se lo podría perdonar, pero la sensación de que no les importaba en absoluto y de que fuesen tan cobardes en qué representaban me da rabia. Sobre todo porque hay gente, como Jonathan Davis (el de Korn) que sí parecía implicada y que podría haber sacado oro de aquí. Es que tenían con él a la crema y nata de la industria musical oscurilla de la época, tenían dinero, tenían la publicidad, pero decidieron hacer esto.
En fin.
Si os queréis poner la película os recomiendo encarecidamente que lo hagáis mientras realizáis otra actividad. Pulseritas, coser, pintar, lo que sea que os llame. Porque de verdad que, aunque no es ni de lejos una de las peores que he visto en mi vida, se hace difícil de acabar si le prestas toda tu atensión.
Ahora bien, justo para eso, como cosa que tener de fondo, me parece una elección ideal. Y si os gusta el cine de esta época, las historias de vampiros y tenéis un rato libre es una de esas piezas claves del género. Así que si no la habéis visto ya dadle un tiento y lo mismo os enfada menos que a mí.

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