Hacia la ficción contemporánea: caballería y feudalismo

“Duelo de caballeros” (Delacroix)

Pongamos un poco de contexto a dos de los elementos principales en la construcción de la fantasía moderna occidental: caballería y feudalismo. 

Este texto no tratará de los eventos que llevaron a este cambio social ni cómo se vivió en el día a día. Vamos a centrarnos en los elementos que de manera más llamativa influirían la narrativa de género. 

Durante el feudalismo, aunque había monarcas, el poder estaba en manos de la aristocracia. Su brazo armado, la caballería, era en realidad algo más parecido a un grupo de mercenarios que trabaja por un señor concreto. Si había una guerra extranjera luchaban en su nombre, si luchaban entre nobles defendían al suyo y, además, servían como fuerza disuasoria para la gente de a pie. 

Los romances medievales se encargaron de elevarlo como la ficción al servicio de un poder político suele hacer. Pero también de atacarlo. Los ciclos artúricos no son una exaltación sino una crítica que, a través del ya mencionado en The Wanderer “ubi sunt?” criticaban a menudo el estado actual de la institución. 

El código de honor del caballero medieval no era muy diferente al de los guerreros anglosajones. La distinción principal radica en que, este, es ya un cuerpo puramente cristiano. La caridad, el amor fraternal a los necesitados, los votos de pobreza y la expiación a través de la guerra son puntos fundamentales en esta nueva definición del guerrero.

Estamos pues ante una sociedad occidental de fuertes poderes pero divididos. Primero la Iglesia, que, bajo el papado, extendía las proclamas católicas y se ponía de tú a tú con monarcas y nobles. Los reyes, que controlaban países de manera nominal pero no de facto, pues el dinero lo poseían los aristócratas. Estos, a su vez, ejercían su voluntad sobre el pueblo llano gracias a la institución de la Caballería. A partir del protestantismo el mundo occidental empezaría a cambiar, pero siempre bajo la observancia cristiana. 

Los caballeros medievales debían, en su idealización, poseer cuatro virtudes principales:

La largueza, que podríamos definir como generosidad. La cortesía que en este contexto se refiere no solo a la educación si no a la belleza física, la inteligencia o la pureza del alma. También la piedad y la franqueza. 

Es obvio que nadie puede ser perfecto, pero además estos elementos entrarán más tarde en conflicto con uno de los fenómenos más importantes para la caballería y el feudalismo: el amor cortés. De él hablaremos en la siguiente entrada. 

La fuerza del poder cristiano creó un vínculo entre la carrera militar y la religiosa, permitiendo la aparición de las órdenes de monjes guerreros (como los templarios) y de luchas definidas como santas. 

Tapiz de Bayeux

Dicho esto, dos corrientes principales han surgido de las historias sobre la caballería. 

De su idealización y posibilidad de una nobleza real y casi perfecta son testigo las obras de Tolkien y herederos como la Dragonlance. No significa que estos personajes no tengan matices. Cualquiera que haya leído el Señor de los Anillos sabe que hay bastante más gris de lo que parece a primera vista. También en la Dragonlance o las Crónicas de Belgarath de Eddings. Pero sus historias son mucho más cercanas al romance clásico de amor cortés. Personajes como Aragorn encarnan al caballero ideal. 

De su realidad se han encargado obras como Canción de Hielo y Fuego y el género grimdark. Para esta corriente aunque puede haber razón en una causa armada nunca hay justicia. Los personajes, incluso los más cercanos al ideal como Rob Stark, demuestran una y otra vez la imposibilidad de cumplirlos. En el caso de este popular personaje (si no quieres un spoiler de CDHYF no continúes este párrafo) una relación será su perdición. Sabe de sobra que está faltando a su palabra (pierde el ideal de franqueza) y aún así decide casarse. Es por lo tanto, como todos los demás, un hombre movido por una fuerte pasión. Su pathos será interesante seguir analizándolo cuando hablemos del amor cortés.

CDHYF y ESDLA poseen además una peculiaridad. Dentro de su narrativa expandida cuentan con la parte idealizada (como el caballero errante, una historia del pasado) y una oscura, donde los ideales han flaqueado y se añoran las glorias antiguas. En el caso de Martin esos tiempos soñados son una mentira y por lo tanto nunca podrían volver al menos del todo y en el caso de Tolkien han llegado de nuevo con un personaje tan Artúrico como Aragorn.

Uno de los constructos medievales más repetidos en la fantasía occidental es el poder monárquico. Ya sea con poderes absolutistas (ESDLA) o más puramente feudales (CDHYF) es uno de los tópicos más comunes.

Sin embargo, probablemente por la enorme influencia protestante, llama la atención la poca visibilización de la figura papal en las ficciones de corte más idealizadas. A pesar de la indudable inspiración que supusieron las cruzadas para el género, los caballeros templarios o el clero de más bajo rango es, relativamente, más complicado encontrar una estructura eclesiástica similar a la del medievo europeo. Además, cuando sí aparece un papa, tiende a ser una figura corrupta incluso en las historias menos crudas. 

Un ejemplo de una figura similar estaría en la Espada de Joram, de Margaret Weiss y Tracy Hickman. El personaje recibe, dejando clara la inspiración, el nombre de Patriarca. Este personaje tiene un poder tal que puede incluso volverse en contra de los deseos de los Emperadores. Muy similar al verdadero poder del Papa católico.

En las novelas de la Dragonlance, cuyos arquitectos son también Weiss y Hickman, la importancia de la religión es enorme. En la orden de los caballeros de Solamnia se perpetúa especialmente este momento histórico y encontramos figuras como la del Sumo Sacerdote. Este personaje aúna el poder religioso y el monárquico en su forma eclesiástica. No obstante es de nuevo un evento del pasado y pese a la lucha contra Takhisis (una diosa malvada) o la aparición de sectas nocivas como la de Haven, al margen del mencionado Sacerdote no hay muchas más figuras realmente similares al Papado. Sus representantes actuales poseen mucho menos poder y empiezan casi exiliados. Además, es curiosamente el Sumo Sacerdote de Solamnia el culpable de un cataclismo que casi acaba con el mundo.

Dentro de los géneros más oscuros de la fantasía, podemos volver de nuevo a CDHYF. La trama eclesiástica en la que Cersei se ve envuelta es una prueba fidedigna del poder que las instituciones religiosas ostentaban en el medievo.

Un poco entre medias podemos ubicar la Crónica del Asesino de Reyes de Patrick Rothfuss. Aunque aún no tiene un mundo tan amplio como los universos anteriormente mencionados, el autor estadounidense optó por una representación muy católica para la Iglesia Telhina. Sin embargo, aunque es una organización muy jerárquica y aparecen monjes guerreros, no se sabe mucho de la cabeza de su Iglesia. A pesar de la importancia de la institución y de la trama poderosamente mística que presenta, el juego de poderes queda anclado a personajes de menor rango o aún demasiado desdibujados.

Una amalgama de todo lo anterior es Brandon Sanderson. Además de crear alucinantes sistemas mágicos este autor mormón tiene un gran interés en la religión. Para poder hacer un buen análisis del Archivo de las Tormentas, donde todo el peso de la trama cae en la caballería y la religión, aún tendremos que esperar un tiempo. Pero en el Imperio Final, primer libro de la trilogía Nacidos de la Bruma, encontramos a la figura del monarca absolutista que además aúna el poder religioso. Esta herencia de la historia inglesa a partir de Enrique VIII aparece también en varias novelas.

Es relativamente común convertir la religión en una serie de costumbres o, incluso, hacerla invisible. Este es el caso de Aprendiz de Asesino, libro primero de la Trilogía del Vatídico escrito por Robin Hobb y que sin embargo está plagada de referencias a la caballería y el feudalismo.

Aunque su ubicación temporal no es similar a la Edad Media, el tebeo superheróico bebe mucho de la caballería. Y aquí es interesante mencionar, aunque sea de pasada, la situación de la religión. Dios es uno de los conceptos más repetidos en esta ficción. El enfoque más habitual es el cristiano, pero la puerta está abierta a otras religiones. Sin embargo no es tan habitual que aparezcan personas dentro de la jerarquía religiosa.

En la ficción heroica lo más importante no suele ser el dinero. Incluso en los superhéroes que son especiales por ello, como Batman, la historia hace hincapié en sus valores, inteligencia y fuerza. Personajes como Superman cumplen con el código de Caballería de manera casi impecable. Y, a consecuencia, esta narrativa eleva la Caballería a convertirse ellos mismos en algo muy similar a dioses. Por encima de reyes, papas o presidentes del gobierno. Es, al fin y al cabo, parte del trasfondo en las famosas Civil War de Marvel. 

Una de las cosas que sí ha heredado la fantasía épica de la estructura eclesiástica es que el equivalente a un papa o a un mesías es casi siempre un varón. Es algo que llama mucho la atención, pues las mujeres suelen ser representadas como el elemento curativo ligado a la religión del grupo. Salvo excepciones como Crysania en el mundo de la Dragonlance no terminan en el escalafón más alto de la jerarquía. Incluso en la Rueda del Tiempodonde las Aes Sedai son una fuerza mágica y religiosa indiscutible, a nivel mitológico Rand Al Thor se sitúa por encima de todos. Es decir, quizá lo más similar al papa sea la Sede Amyrlin, pero desde luego el mesías sigue siendo masculino.  Además se termina creando la contrapartida masculina, la Torre Negra.

En conclusión tenemos aquí otra prueba de que en general la defensa de una historia a través de un supuesto realismo histórico medieval no es posible. Los autores, desde los albores del género, han elegido las partes que más convenientes resultaban en su mundo.

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