Hacia la ficción contemporánea: Sir Gawain y el Caballero Verde

RESUMEN

Durante la fiesta de año nuevo en Camelot un hombre completamente vestido de verde y con un corcel del mismo color, reta a los Caballeros de la Mesa Redonda a que le ataquen con el hacha que empuña. Al cabo de un año, dice, devolverá el mismo golpe.

Para evitar peligro o deshonra al rey Arturo (no aceptar un duelo no estaba bien visto) Gawain acepta. Decapita al caballero que, a continuación, se levanta y le insta a encontrarse durante la fecha señalada en la Capilla Verde.

Once meses después, fiel a su promesa, nuestro protagonista emprende camino. Se enfrenta a todo tipo de bestias y no suponen ningún problema pero la soledad hace mella. Para Nochebuena llega a un castillo cuyo señor, Bercilak, le ofrece ansiada hospitalidad.

Así pues, a falta de tres días para que Gawain deba acudir a la Capilla Verde permanecerá en el castillo. Allí promete compartir lo que consiga cada día con su anfitrión. Durante las ausencias del señor la esposa de este intenta seducir a Gawain, que solo admite de ella castos besos los dos primeros días. A la llegada de Bercilak por la noche con piezas de caza Gawain responderá con un beso.

Sin embargo en la última jornada recibe una liga que, en teoría, le salvará la vida frente al Caballero Verde. Ante la posibilidad de sobrevivir Gawain decide no compartir el regalo.

Cuando acude a la capilla su enemigo se limita a hacer tres amagos de decapitación y solo con el último le hace una pequeña herida. El retador resulta no ser otro que Bercilak, que es en realidad hermano de Morgan Le Fay. Ambos paganos, su deseo era asustar a la reina Ginebra por cristianizar la corte.

Gawain vuelve a casa con vergüenza pero los caballeros le reciben como victorioso y deciden portar una liga verde en su honor.

SOBRE GAWAIN Y EL CABALLERO VERDE

Gawain, además de caballero de la mesa redonda, es sobrino de Arturo y de Morgana. Por ello está en teoría igual de predispuesto al bien que al mal (representado aquí por el paganismo). Es tentado y, como no es Cristo, su triunfo es relativo. En el Tapiz de Fionavar, saga artúrica hasta la médula, tenemos al personaje de Darien. Como muchos herederos de estas leyendas no puede adscribirse a un solo personaje. Por un lado es en esencia un Mordred pero por otro lado esa predisposición genética a cualquier lado de la balanza pone a Darien en la herencia de Gawain.

El Caballero Verde es una representación de la naturaleza, de la espiritualidad y de la verdad. Una fuerza del caos. Sin embargo en este poema ya hemos superado el miedo a lo sobrenatural y lo desconocido que predominaba en Beowulf. Por si os sirve de referencia, este texto data de finales del S XIV y es por lo tanto contemporáneo a Chaucer. El miedo aquí está en la decepción propia, en la debilidad ante la muerte y la traición a los ideales.

En Canción de Hielo y Fuego tenemos una serie de figuras sobrenaturales de fondo (los Caminantes Blancos y los dragones, principalmente) que, aunque son una potente fuerza motora del trasfondo, no representan el verdadero meollo de la historia. Los personajes están luchando contra sí mismos de la misma manera en la que lo está Gawain. El heroismo resulta menos innato en este tipo de personajes.

Cristopher Tolkien recopiló en Los Monstruos y los Críticos y otros ensayos  algunos textos lingüísticos y literarios de su padre. La mención a la historia de sir Gawain es por supuesto ineludible aquí. El autor británico le había dedicado varias traducciones e incluso cursos universitarios.

En la página 79 de Los Monstruos menciona que no hay mejor manera para enseñar moral que los antiguos cuentos de hadas. Esto es, sin duda, lo que el autor percibió en Sir Gawain y lo que él deseaba conseguir con su obra. No significa que ninguna de las dos sea un compendio de alegorías con pretensiones (y es que de hecho Tolkien odiaba las obras que sobreponían el tono moralista a la propia historia), pero sí que imitó cierta manera de contar encontrada en este romance. 

La tentación es el tema principal en la obra de Tolkien y también en Sir Gawain. Está principalmente representada por el Anillo Único, pero también lo son cada lugar seguro por el que pasan y una larga lista de otros objetos mitológicos de sus historias. 

Tampoco hay que olvidar que Sir Gawain está narrado en un tono cómico. Este estilo de cuento se ve reflejado mejor en el Hobbit que en el Señor de los Anillos. La trama de la tentación del Anillo es muy fuerte en ambas, pero en esta última además se suma la Piedra del Arca. Bilbo y sus compañeros se enfrentan a todo tipo de monstruos en su camino, dragón incluido, pero nada es tan complicado de superar como las tentaciones.

Como se menciona en el resumen, antes de que sir Gawain llegue al castillo de Bercilak se enfrenta a diversas criaturas. Entre ellas están los «wodwos», un nombre para un tipo de hombres salvajes asociados a la naturaleza. Tolkien hizo una inmersión en el concepto con los Druédain, también conocidos como woses.

Los Caballeros de Solamnia son el epítome de lo artúrico en la Dragonlance. Y, entre todos ellos, destaca Sturm Brightblade. Si se lee este mundo de D&D en orden de lanzamiento, la evolución de este personaje de caballero perfecto a un ser mucho más complejo ya preconizaba la futura semejanza a Gawain en su novela en solitario: El Código y la Medida. Este libro se sitúa como una precuela a la primera novela (Crónicas de la Dragonlance) y se puede leer de forma independiente (aunque no creo que así apasione a nadie). Es, de manera absoluta, un homenaje al libro que nos ocupa. El artículo Young Brightblade and the Green Knight habla de ello en más profundidad así que os lo dejo aquí por si os interesa.

Dando un giro enorme en el tipo de narrativa tenemos a Roland Deschain. Es bien conocida la intención de Stephen King de escribir la Torre Oscura como una gran épica al estilo del Señor de los Anillos pero con sabor americano. En base a esto resultan lógicos los paralelismos con la ficción anglosajona y en este caso con Sir Gawain.

El primero y más obvio es la estructura temporal. Intentando entrar en spoilers lo menos posible, ambos se van el mismo día y terminan el mismo día en posesión de un objeto que simboliza sus aciertos y errores. Por supuesto en el caso del pistolero con giro al más puro estilo King.

Para ambos protagonistas la lucha contra monstruos, aunque pueda tener complicaciones, no es el mayor de sus problemas. La soledad en la que se ven inmersos para poder llevar a cabo su misión determina las decisiones de ambos. Como hemos dicho Gawain se enfrenta a tres oportunidades para demostrar su valía. En el caso de Roland son tres misiones las que debe concluir para formar su ka-tet.

Por último me gustaría hablaros de las imágenes en la entrada. Pertenecen a un corto irlandés que ganó el BAFTA en 2002 y os dejo su trailer aquí:

Hacia la ficción contemporánea: el amor cortés

En la entrada anterior hablábamos del feudalismo y la caballería. Esta vez el Amor Cortés, sin el que no pueden entenderse las anteriores, será el protagonista.

Como género nació en el s XII, a manos de los poetas trovadores de Provenza. 

En estos poemas un hombre expresa su amor por una dama a menudo casada y perteneciente a una clase superior. Estos personajes femeninos son o muy crueles con sus pretendientes o un ejemplo de virtud. Sea cual sea el caso son como una fuerza natural dentro de la historia. No sufren una evolución ni sabemos mucho de ellas. Sirven como una tormenta a un marinero en una barca.

El enamorado intenta ganarse a la mujer que se muestra reacia. Si al final de la historia consigue su objetivo y la dama ya tenía pareja, mantendrán una relación ilícita y adúltera. Este proceso insta al caballero a mejorar sus virtudes, a través de las cuales conseguirá conquistar o no. 

La caballería no se entendía sin él, pero el amor cortés es una ruptura de lo ideales que debían perseguir. Sin embargo, eran de por sí un toque de realismo de una sociedad estancada en los matrimonios concertados.

Para la mentalidad medieval éramos, pues, un pecado inevitable.

De aquí podemos extraer la base del papel femenino en la mayor parte de la ficción fantástica. Un objeto de deseo, encerrado de una forma o de otra, que el protagonista debe obtener o rescatar. Nuestro otro papel era el de una fuerza negativa.

Como pilar central de la épica actual, ESDLA tiene bastante que decir sobre esto. Por un lado tenemos a Aragorn y Arwen. Por raza y posición, la elfa está en origen en una liga muy diferente al montaraz. Sin embargo, al final del camino del héroe, Aragorn se hace merecedor del matrimonio y del gobierno de Gondor.

Gimli (que es la pareja perfecta de Legolas, pero ya se sabe) muestra una adoración sin reservas por la casada Galadriel. Por supuesto es un amor imposible, platónico.

Y por último tenemos a Éowyn. Aquí de nuevo rompe con el canon femenino y persigue una historia normalmente relegada a los varones. La guerrera de Rohan se enamora de Aragorn, creando la clásica figura del triángulo amoroso. Pero, de nuevo saliéndose de la norma, el fracaso de Éowyn con Aragorn no será definitorio. No le espera una eterna desdicha en soledad y encuentra un amor sencillo y correspondido en Faramir.

En Añoranzas y Pesares de Tad Williams tenemos también un ejemplo de triángulo de amor cortés. En este caso son el rey Elías y su hermano Josua. A continuación un pequeño spoiler: es un ejemplo interesante porque da otro pequeño giro al amor cortés. Elías es quien consigue casarse con la dama, pero esta victoria se convertirá después en la fuente de todas las desdichas de la historia. Sin embargo Josua, en teoría perjudicado, encontrará otro tipo de relación con Vorzheva.

En universos como la Dragonlance o Reinos Olvidados hay pequeños toques de este tipo de romance. El más obvio es, probablemente, el de Sturm Brightblade y Alhana Starbreeze. Sin embargo, en general, son novelas que en busca de una mayor empatía con el lector contemporáneo se han ido despegando poco a poco de este concepto. Tiene mucho que ver con que la fantasía se ha ido plagando cada vez más de personajes con orígenes humildes. En el caso del propio ESDLA ya había un atisbo de esto con Sam y Rosita Coto.

Esta mezcla de romances es común, en general, a la mayor parte de la fantasía de entre épocas como la Rueda del Tiempo o Las Crónicas de Belgarath.

En la fantasía actual el amor cortés suele ser motivo de bromas para el grimdark como los intentos de seducción de Gorst en los Héroes. En Geralt de Rivia las mofas, a través de Jaskier pero con todo el conjunto social respaldándolo, son constantes Ya en las historias de corte menos cínico, como las de Brandon Sanderson, las relaciones entre los personajes masculinos y femeninos son muy diferentes incluso aunque sigan una dinámica parecida. En la crónica del asesino de reyes, de Patrick Rothfuss, se aprecia algo de este tópico entre Denna y Kvothe; pero es una historia demasiado velada a falta de la tercera entrega.

A Rob Stark ya le mencionábamos al respecto en la entrada anterior. Su romance con Jane Westerling (Talisa en la serie) es representativo de la evolución del amor cortés. Sigue al pie de la letra sus características pero además posee, como toda la obra de Martin, una enorme crítica social y fina ironía. Ella aparece como una dama curadora en todos los sentidos. Pero esta relación, que conlleva la paradigmática ruptura de valores caballerescos necesaria para el amor cortés, también será el desencadenante de la impactante Boda Roja.

No es el único dentro de este juego de ironías y giros de Canción de Hielo y Fuego. Por ejemplo, Sansa Stark es prometida a Joeffrey, que, en principio, a ella le parece el caballero perfecto. Sin embargo muy pronto descubrirá la verdadera cara del monstruo con el que debe casarse. Cuando ese enlace queda por fin roto será prometida a Tyrion, a quien considera físicamente un monstruo y todo lo contrario a los ideales caballerescos. No obstante será una de las primeras personas en tratarla bien en mucho tiempo.

Podemos concluir por lo tanto que, aunque la representación de las relaciones amorosas ha cambiado muchísimo en la narrativa con el paso de los años lo que más perdura del amor cortés es la sátira y la posición de la mujer en las relaciones.

Hacia la ficción contemporánea: caballería y feudalismo

«Duelo de caballeros» (Delacroix)

Pongamos un poco de contexto a dos de los elementos principales en la construcción de la fantasía moderna occidental: caballería y feudalismo. 

Este texto no tratará de los eventos que llevaron a este cambio social ni cómo se vivió en el día a día. Vamos a centrarnos en los elementos que de manera más llamativa influirían la narrativa de género. 

Durante el feudalismo, aunque había monarcas, el poder estaba en manos de la aristocracia. Su brazo armado, la caballería, era en realidad algo más parecido a un grupo de mercenarios que trabaja por un señor concreto. Si había una guerra extranjera luchaban en su nombre, si luchaban entre nobles defendían al suyo y, además, servían como fuerza disuasoria para la gente de a pie. 

Los romances medievales se encargaron de elevarlo como la ficción al servicio de un poder político suele hacer. Pero también de atacarlo. Los ciclos artúricos no son una exaltación sino una crítica que, a través del ya mencionado en The Wanderer «ubi sunt?» criticaban a menudo el estado actual de la institución. 

El código de honor del caballero medieval no era muy diferente al de los guerreros anglosajones. La distinción principal radica en que, este, es ya un cuerpo puramente cristiano. La caridad, el amor fraternal a los necesitados, los votos de pobreza y la expiación a través de la guerra son puntos fundamentales en esta nueva definición del guerrero.

Estamos pues ante una sociedad occidental de fuertes poderes pero divididos. Primero la Iglesia, que, bajo el papado, extendía las proclamas católicas y se ponía de tú a tú con monarcas y nobles. Los reyes, que controlaban países de manera nominal pero no de facto, pues el dinero lo poseían los aristócratas. Estos, a su vez, ejercían su voluntad sobre el pueblo llano gracias a la institución de la Caballería. A partir del protestantismo el mundo occidental empezaría a cambiar, pero siempre bajo la observancia cristiana. 

Los caballeros medievales debían, en su idealización, poseer cuatro virtudes principales:

La largueza, que podríamos definir como generosidad. La cortesía que en este contexto se refiere no solo a la educación si no a la belleza física, la inteligencia o la pureza del alma. También la piedad y la franqueza. 

Es obvio que nadie puede ser perfecto, pero además estos elementos entrarán más tarde en conflicto con uno de los fenómenos más importantes para la caballería y el feudalismo: el amor cortés. De él hablaremos en la siguiente entrada. 

La fuerza del poder cristiano creó un vínculo entre la carrera militar y la religiosa, permitiendo la aparición de las órdenes de monjes guerreros (como los templarios) y de luchas definidas como santas. 

Tapiz de Bayeux

Dicho esto, dos corrientes principales han surgido de las historias sobre la caballería. 

De su idealización y posibilidad de una nobleza real y casi perfecta son testigo las obras de Tolkien y herederos como la Dragonlance. No significa que estos personajes no tengan matices. Cualquiera que haya leído el Señor de los Anillos sabe que hay bastante más gris de lo que parece a primera vista. También en la Dragonlance o las Crónicas de Belgarath de Eddings. Pero sus historias son mucho más cercanas al romance clásico de amor cortés. Personajes como Aragorn encarnan al caballero ideal. 

De su realidad se han encargado obras como Canción de Hielo y Fuego y el género grimdark. Para esta corriente aunque puede haber razón en una causa armada nunca hay justicia. Los personajes, incluso los más cercanos al ideal como Rob Stark, demuestran una y otra vez la imposibilidad de cumplirlos. En el caso de este popular personaje (si no quieres un spoiler de CDHYF no continúes este párrafo) una relación será su perdición. Sabe de sobra que está faltando a su palabra (pierde el ideal de franqueza) y aún así decide casarse. Es por lo tanto, como todos los demás, un hombre movido por una fuerte pasión. Su pathos será interesante seguir analizándolo cuando hablemos del amor cortés.

CDHYF y ESDLA poseen además una peculiaridad. Dentro de su narrativa expandida cuentan con la parte idealizada (como el caballero errante, una historia del pasado) y una oscura, donde los ideales han flaqueado y se añoran las glorias antiguas. En el caso de Martin esos tiempos soñados son una mentira y por lo tanto nunca podrían volver al menos del todo y en el caso de Tolkien han llegado de nuevo con un personaje tan Artúrico como Aragorn.

Uno de los constructos medievales más repetidos en la fantasía occidental es el poder monárquico. Ya sea con poderes absolutistas (ESDLA) o más puramente feudales (CDHYF) es uno de los tópicos más comunes.

Sin embargo, probablemente por la enorme influencia protestante, llama la atención la poca visibilización de la figura papal en las ficciones de corte más idealizadas. A pesar de la indudable inspiración que supusieron las cruzadas para el género, los caballeros templarios o el clero de más bajo rango es, relativamente, más complicado encontrar una estructura eclesiástica similar a la del medievo europeo. Además, cuando sí aparece un papa, tiende a ser una figura corrupta incluso en las historias menos crudas. 

Un ejemplo de una figura similar estaría en la Espada de Joram, de Margaret Weiss y Tracy Hickman. El personaje recibe, dejando clara la inspiración, el nombre de Patriarca. Este personaje tiene un poder tal que puede incluso volverse en contra de los deseos de los Emperadores. Muy similar al verdadero poder del Papa católico.

En las novelas de la Dragonlance, cuyos arquitectos son también Weiss y Hickman, la importancia de la religión es enorme. En la orden de los caballeros de Solamnia se perpetúa especialmente este momento histórico y encontramos figuras como la del Sumo Sacerdote. Este personaje aúna el poder religioso y el monárquico en su forma eclesiástica. No obstante es de nuevo un evento del pasado y pese a la lucha contra Takhisis (una diosa malvada) o la aparición de sectas nocivas como la de Haven, al margen del mencionado Sacerdote no hay muchas más figuras realmente similares al Papado. Sus representantes actuales poseen mucho menos poder y empiezan casi exiliados. Además, es curiosamente el Sumo Sacerdote de Solamnia el culpable de un cataclismo que casi acaba con el mundo.

Dentro de los géneros más oscuros de la fantasía, podemos volver de nuevo a CDHYF. La trama eclesiástica en la que Cersei se ve envuelta es una prueba fidedigna del poder que las instituciones religiosas ostentaban en el medievo.

Un poco entre medias podemos ubicar la Crónica del Asesino de Reyes de Patrick Rothfuss. Aunque aún no tiene un mundo tan amplio como los universos anteriormente mencionados, el autor estadounidense optó por una representación muy católica para la Iglesia Telhina. Sin embargo, aunque es una organización muy jerárquica y aparecen monjes guerreros, no se sabe mucho de la cabeza de su Iglesia. A pesar de la importancia de la institución y de la trama poderosamente mística que presenta, el juego de poderes queda anclado a personajes de menor rango o aún demasiado desdibujados.

Una amalgama de todo lo anterior es Brandon Sanderson. Además de crear alucinantes sistemas mágicos este autor mormón tiene un gran interés en la religión. Para poder hacer un buen análisis del Archivo de las Tormentas, donde todo el peso de la trama cae en la caballería y la religión, aún tendremos que esperar un tiempo. Pero en el Imperio Final, primer libro de la trilogía Nacidos de la Bruma, encontramos a la figura del monarca absolutista que además aúna el poder religioso. Esta herencia de la historia inglesa a partir de Enrique VIII aparece también en varias novelas.

Es relativamente común convertir la religión en una serie de costumbres o, incluso, hacerla invisible. Este es el caso de Aprendiz de Asesino, libro primero de la Trilogía del Vatídico escrito por Robin Hobb y que sin embargo está plagada de referencias a la caballería y el feudalismo.

Aunque su ubicación temporal no es similar a la Edad Media, el tebeo superheróico bebe mucho de la caballería. Y aquí es interesante mencionar, aunque sea de pasada, la situación de la religión. Dios es uno de los conceptos más repetidos en esta ficción. El enfoque más habitual es el cristiano, pero la puerta está abierta a otras religiones. Sin embargo no es tan habitual que aparezcan personas dentro de la jerarquía religiosa.

En la ficción heroica lo más importante no suele ser el dinero. Incluso en los superhéroes que son especiales por ello, como Batman, la historia hace hincapié en sus valores, inteligencia y fuerza. Personajes como Superman cumplen con el código de Caballería de manera casi impecable. Y, a consecuencia, esta narrativa eleva la Caballería a convertirse ellos mismos en algo muy similar a dioses. Por encima de reyes, papas o presidentes del gobierno. Es, al fin y al cabo, parte del trasfondo en las famosas Civil War de Marvel. 

Una de las cosas que sí ha heredado la fantasía épica de la estructura eclesiástica es que el equivalente a un papa o a un mesías es casi siempre un varón. Es algo que llama mucho la atención, pues las mujeres suelen ser representadas como el elemento curativo ligado a la religión del grupo. Salvo excepciones como Crysania en el mundo de la Dragonlance no terminan en el escalafón más alto de la jerarquía. Incluso en la Rueda del Tiempodonde las Aes Sedai son una fuerza mágica y religiosa indiscutible, a nivel mitológico Rand Al Thor se sitúa por encima de todos. Es decir, quizá lo más similar al papa sea la Sede Amyrlin, pero desde luego el mesías sigue siendo masculino.  Además se termina creando la contrapartida masculina, la Torre Negra.

En conclusión tenemos aquí otra prueba de que en general la defensa de una historia a través de un supuesto realismo histórico medieval no es posible. Los autores, desde los albores del género, han elegido las partes que más convenientes resultaban en su mundo.

Hacia la ficción contemporánea: The Wife’s Lament

Como The Wanderer otra poesía elegíaca sin elementos puramente fantásticos. Pertenecen, de hecho, al mismo volumen conservado en Exeter.

The Wife’s Lament es la historia de una mujer y de sus sentimientos. Su autor es (como siempre en este período) anónimo. Pero no sería descabellado considerar que se tratase de una mujer siendo  esta una obra de un carácter tan personal, detallado e intimista. En caso de ser un autor masculino sería, desde luego, uno muy capaz de ponerse en la piel de una mujer. En una época en que nunca se les animaba a hacerlo. 

Nuestra protagonista está exiliada en un bosque, viviendo en lo que parece el hueco de una colina. Quizá un espacio pagano sagrado. Vive sola y rodeada de espinos, representación de las múltiples penas de su alma.

Con bastante probabilidad esta mujer había sido casada como una ofrenda de paz. Ella, sin embargo, amaba a su pareja. Fueron felices hasta que él tuvo que marcharse y se vio sola, rodeada de las intrigas de su familia política. Por ello termina viviendo en aquel desolador paraje. Sus pesar como única compañía.

Al ser un monólogo la inmersión en sus sentimientos es absoluta. No conocemos ninguna otra versión de los hechos que la suya.

El poema refleja el, en teoría, equivalente femenino a la relación de lealtad entre guerreros y Señor (comitatus). Hablamos  del matrimonio.

Una gran diferencia con The Wanderer es que pese a conservarse su escritura cristiana para esta mujer no existe el consuelo en dios. 

Es un relato crudo y frío pero muy hermoso. Sus parajes, no muy descritos pero con fuerte presencia y su profundo intimismo son muy típicos del terror. Hasta cierto punto es como si el bosque no existiese en realidad siendo los espinos la metáfora que completa su mundo interior. En relatos de Bécquer como la Promesa, por ejemplo, aparece una atmósfera similar. 

The Wife’s Lament posee en esencia esa idea tan romántica de las mujeres solas en el bosque, como un elemento triste y casi feerico. 

Siendo una de las obras más importantes de época anglosajona es también interesante hacer una comparativa con Tolkien. En este caso el personaje de Éowyn. 

Éowyn vive en una jaula de oro donde las intrigas familiares han destrozado su otrora alegre vida. Todos los sentimientos que conocemos en nuestra heroína son, de manera clara ,similares a los de The Wife’s Lament.

Cuando conoce a Aragorn se enamora de él, pero es un amor imposible. Busca en el futuro rey de Gondor la culminación del papel femenino de la época, esta relación ya mencionada de comitatus a través del matrimonio. Aragorn es perfecto para ello porque es todo lo que a Éowyn le gustaría poder ser y, a la vez, todo lo que debería ser un Señor. Al no poder obtenerla, termina marchando a la guerra y sirviendo a un Señor (Théoden) como un Rohirrim más, rompiendo con la tragedia sin posibilidad de salida que The Wife’s Lament presenta.

“Todas vuestras palabras significan una sola cosa: eres una mujer, y tu misión está en el hogar. Sin embargo, cuando los hombres hayan muerto con honor en la batalla, se te permitirá quemar la casa e inmolarte con ella, puesto que ya no la necesitarán. Pero soy de la Casa de Eorl, no una mujer de servicio. Sé montar a caballo y esgrimir una espada y no temo el sufrimiento ni la muerte.”

Traducción de Finduriel

Aunque esa ruptura a nivel narrativo es ciertamente novedosa, la mujer anglosajona casada o no era una mujer con cierto poder. En esta cultura se esperaba que fuéramos educadas y ceremoniosas, estatus que Éowyn no rompe nunca, pero no todas estaban relegadas al hogar sin más.

En sus «guerras góticas» (558 d.C.) Procopio de Cesárea dejó la primera mención escrita a una mujer inglesa. La dama en cuestión lideró un grupo de guerreros para capturar (que no rescatar) a su marido. Las Anglosajonas eran consejeras valoradas y las mujeres casadas para traer la paz entre tribus no se convertían inmediatamente en elementos pasivos del intercambio. Como ejemplo tenemos a Aethelflaed, recordada por sus grandes dotes militares. 

Es común a las mujeres de esta época, sin embargo, que sus historias siempre culminen o empiecen con un matrimonio. Ya sea con cristo o con un hombre corriente. No en vano es el matrimonio el elemento a través del que las mujeres alcanzan el tan deseado comitatus. Tampoco Éowyn escapa a esta tradición. 

No obstante no se escapa a ningún análisis que Éowyn da en narrativa un paso adelante. Su historia y evolución supera en cierto sentido a sus referentes literarios. Es pues deudora y transgresora del contexto anglosajón que Tolkien estudiaba con tanto afán.

Algún día hablaré sobre el personaje con más detenimiento en su propio espacio. Mientras os recomiendo este artículo publicado en The Mary Sue, escrito por Mariah McCourt y traducido al español por Findûriel: 

http://finduriel.blogspot.com.es/2018/01/yo-no-soy-un-hombre-no-es-suficiente-la.html

Aunque la hazaña de Éowyn es enorme no por ello quiero decir que «la esposa» no luche. Uno de los mayores signos de opresión es silenciar los discursos que rompen la norma y en este poema tenemos a una mujer que utiliza su voz para exponer la injusticia. Aunque no cumpla con la idea clásica de heroicidad en contexto y perspectiva lo es.

Hacia la ficción contemporánea: The Wanderer

Poesía elegíaca, quizá de finales del siglo sexto pero que conservamos en un manuscrito datado alrededor del 980 D.C. 

The Wanderer, el que vaga, no es una obra de fantasía. Sin embargo, ha tenido una gran importancia en el género. Así que hablemos un poco de ella.Mientras la poesía épica, como Beowulf, es una exaltación en la poesía elegíaca encontramos un lamento. En este caso seguimos la historia de un guerrero que con la muerte de su señor y sus compañeros, es decir la pérdida del «comitatus«, vaga solo. En cierto sentido, es como asistir a la historia posterior a Beowulf

«Ubi sunt?» o «¿dónde están?» es el tema de inspiración latina detrás de este sentimiento. A pesar de sus tintes cristianos y de esta inspiración mencionada, la ambientación es anglosajona pura. Tolkien basó en ella Rohan y podemos encontrar en las Dos Torres un poema de Aragorn (en la película adaptado a Théoden) que sigue el mismo principio:

The Wanderer está comprendido por dos voces poéticas. Una corresponde al guerrero y la otra interviene para explicar sus circunstancias. Pese a ello y a pesar ser una obra tan intimista hace apología de la parquedad de palabras. Se busca con ello una posición de contraste entre la plenitud verbal del juramento de comitatus y el vacío actual. En la obra de Tolkien y en sus seguidores observamos mucho este patrón ideológico. Mucha descripción y pocos diálogos y un relieve especial en los fenómenos alrededor para explicar la vida interior de los personajes.

Volviendo al paso del tiempo en The Wanderer,  al menos su transcripción que es eclesiástica como dijimos, centra su mensaje en que al final todo lo que nos queda es dios. Pierde a «su señor» y encuentra a «su Señor». Para este poema la senectud es un tipo de exilio que nos llegará a todos. De nuevo en «El Señor de los Anillos» encontramos esta temática en dos humanos de avanzada edad: el ya mencionado Theoden de Rohan y Denethor de Gondor. Ambos realizan mentalmente un viaje mental similar al del protagonista de esta historia. Aunque solo uno de ellos es capaz de volver de él victorioso.

También encontramos referencias al mar, que es visto como algo oscuro y siniestro. Es un lugar vacío, lleno de soledad y frío. Por el contrario en Beowulf el carácter es mucho más marítimo. En la obra de Tolkien encontramos una mezcla de estas dos visiones. En el Silmarillion es un elemento de exilio y separación. En El Señor de los Anillos es un regreso a casa. 

El Comitatus deja aquí más claro que en Beowulf que se trata de una relación familiar. Los guerreros son los hermanos y el señor es el padre de todos ellos. Es un vínculo tan fuerte como el de la sangre. En la ya mencionadísima Rohan el hijo de Théoden, Théodred, es asesinado. Pero Théoden no se queda sin hijo pues Éomer, su sobrino, se convierte en su heredero no solo por el vínculo sanguíneo. Son sus hazañas y valor lo que terminan encumbrándole y recuperando la hermandad de Rohirrim.

«El hombre que vaga» es explorado desde el cinismo por el «grimdark». Obras como Sólo el Acero de Richard Morgan tratan el destino de los soldados cuando, en apariencia, ya no queda nada por lo que luchar. Dentro de la narrativa de Joe Abercrombie en Tierras Rojas seguimos una historia similar de la que no puedo dar muchos detalles porque es un spoiler. Tiene mucho que ver con su ambientación en las historias del Oeste americano, pero el principio de exilio que nos narra The Wanderer es el mismo. 

A un nivel más general casi todas las obras de fantasía siguiendo el camino clásico llegan al momento del héroe «que vaga» después de una ruptura de su compañía y por lo tanto del comitatus. Desde Frodo, pasando por Rand Al’Thor hasta Alina Starkov el género fantástico ha explorado este tópico de manera constante. En lo personal es uno de los que menos me gustan. El típico personaje deprimido que recorre largas distancias pensando que nunca podrá arreglar las cosas con su grupo me cansa. No obstante es, sin duda, una de las bases de todo el género épico.

En resumen The Wanderer pese a no ser una obra de género ha aportado varios pilares de la fantasía épica.

Hacia la ficción contemporánea: Beowulf

Primera entrada de un ciclo sobre obras, arte, historia y mitología que han tenido un gran impacto en la fantasía, la ciencia ficción y el terror actuales. 

Empezamos con Beowulf

La lucha de la civilización humana contra las fuerzas del caos. Esa es su esencia. Así como la de centenares de historias de género posteriores. 

Tenemos ante nosotros un poema épico cuya tradición oral impide saber con exactitud su momento de origen. Aunque la leyenda habla de un período pre cristiano, el manuscrito en que ha sobrevivido (Cotton Vitellius a XV, en la biblioteca de Londres) se enmarca alrededor del siglo décimo y tiene claros tintes evangelizadores. Esta curiosa mezcla perviviría, de manera muy clara, en obras clave de la fantasía occidental anglosajona como las Crónicas de Narnia o la producción de Tolkien. 

A diferencia de poemas similares Beowulf no puede enmarcarse en los mitos fundacionales. Esta es la historia del camino de un héroe similar al propio Cristo. 

Dividida en tres actos seguimos a nuestro protagonista desde que, con 20 años, aparece para derrotar a Grendel. Después llega la lucha contra la madre de la criatura y, 50 años más tarde, muere enfrentándose al dragón. Poco sabemos de su infancia, igual que en el caso de Jesús, y su importancia en el texto radica en su fuerza (la de 30 hombres), su nobleza y su lealtad. Cosa que no se puede decir del resto ya que, a excepción de uno, le traicionarán al final. 

Es decir, Beowulf es solo una excusa para definir los valores esenciales de los que, sin embargo, el resto de mortales carecemos. Para traer el orden haría falta un ser humano excepcional y por lo tanto nosotros estamos condenados a vagar en las sombras.

Traducción de Seamus Heany

A lo largo del poema se hace hincapié en tres conceptos.

El primero es el «comitatus», definido como la lealtad entre los hombres que luchaban hacia su señor tribal. El propio señor tribal, como terminaría siéndolo Beowulf, debe ser un guerrero. Además de esa bravura deberá poseer la capacidad de administrar la economía y la justicia. 

La lealtad exigida por este principio llega hasta la muerte. El héroe llegará a este extremo pero sus seguidores, menos nobles y llevando la futura ruina a su pueblo, huirán.

El segundo son las deudas de gratitud. En una época donde eran hereditarias Beowulf acude a luchar contra Grendel no solo por su heroísmo, sino por una deuda contraída por su padre.

El tercero es el «wyrd», destino. Elemento todopoderoso que marca las vidas humanas y del que ni siquiera nuestro héroe puede librarse. A lo largo de toda la obra podemos ver pistas de todo lo que pasará. Nada es aleatorio. 

Todos estos elementos, que no dejan de ser virtudes y creencias más o menos universales, son una de las mayores constantes en la narrativa de corte épico y de espada y brujería como el Señor de los Anillos y Conan el Bárbaro

Referente a la obra de Tolkien, vemos en la épica anglosajona y en su poesía épica una importancia crucial del «hall» (o gran sala de celebraciones) como símbolo de la civilización. Esta trama se refleja muy bien en Rohan, en su estética y en la importancia de la recuperación del sitio por Gandalf el Blanco. Como ya hiciera Beowulf, expulsa a la criatura y trae de nuevo el orden en contra del caos.

Otro de los ecos de Beowulf en la obra de este autor está sin duda en Smaug y su tesoro maldito, cuya historia tiene ecos al dragón que mataría a nuestro héroe. En ambos casos las riquezas sobre las que el dragón descansa están malditas y rompen la relación de Comitatus.

Beowulf es una obra densa. La acción es muy breve. La historia ya era conocida por todos y lo importante en su recitación estaba en los detalles. Largas enumeraciones y muchas digresiones lo convierten en una lectura un tanto farragosa pese a su indudable interés. 

Además de lo que Beowulf ha inspirado la propia obra se sirve de otras fuentes. Con una estructura muy similar a la de la Eneida de Virgilio o una pira funeraria con toques homéricos tenemos un perfecto ejemplo de cómo la literatura se inspira siempre en aquello que la rodea. 

Está escrita en sajón occidental, uno de los dialectos del inglés antiguo, pero hay varias traducciones que respetan más o menos el patrón aliterativo anglosajón o sus metáforas («kenning»). La más famosa, aunque no fiel en exceso, es quizá la de Seamus Heany (tenéis un pequeño fragmento en la segunda imagen). Por supuesto también podéis encontrar la del propio J.R.R Tolkien

Podéis encontrarlo de todas las maneras que os imaginéis, incluido  el tebeo de David Rubín o películas de las que yo no he visto ninguna.

Os dejo con este interesante documental de la BBC, «in search of Beowulf» donde podréis escuchar además trozos de una recitación.