Reseña: Spiderlight (Adrian Tchaikovsky)

¿QUÉ ES SPIDERLIGHT?

Novela autoconclusiva de fantasía. Tchaikovsky nos presenta la historia de un típico grupo de aventureros a los que les pone su toque personal de humor cínico y giros narrativos. Si no podéis o no queréis leer nada que tenga que ver con arañas esta no es vuestra próxima lectura. También hay TW para violaciones y debates sobre violaciones.

Según la editorial:

La iglesia de Armes de la Luz ha combatido a las huestes de la Oscuridad durante tanto tiempo que ya nadie lo recuerda. Una gran profecía ha presagiado que un grupo de inadaptados, liderados por una sacerdotisa suprema, vencerán al Señor Oscuro Darvezian armados con su inteligencia, la bendición de la Luz y un artefacto arrebatado a la impía Reina Araña. El viaje será largo, duro y repleto de peligros. Aliados que serán enemigos, enemigos que serán aliados. Y el Señor Oscuro espera, siempre espera.

¿CÓMO ES SPIDERLIGHT?

Abordar la reseña de Spiderlight me ha resultado un poco complicado. La sinopsis es muy básica. Muy de grupo estándar de fantasía/rol que corre aventuras luchando contra un señor Oscuro dejando de lado el elemento que hace especial a la historia. Pasa casi al principio, yo no lo considero un spoiler, pero sí es técnicamente un giro que se ha dejado de lado en ciertas partes de la campaña de marketing.

Si queréis que os pille totalmente de improviso y juzgar el giro por vosotros mismos os recomiendo que dejéis la reseña aquí. Que no leáis nada y cojáis el libro. Es que es imposible hablar de esta novela, que además es muy cortita, sin mencionarlo.

Así que allá vamos.

Fuck the righteous

Solo he leído dos obras de Tchaikovsky y ya tengo claro que lo suyo son los giros. Retorcer conceptos, retorcer arquetipos de personajes y servirlo en platos a rebosar de crítica social. Para Spiderlight escogió darse un paseo por el tópico del Bien y del Mal. La contraposición de lo que se cree inherentemente bueno contra lo que se cree inherentemente malo, las especies de criaturas, como las arañas gigantes, que se da por sentado desde que se menciona su existencia cuál debe ser su alineamiento moral.

Por la forma en la que está hecho desde el principio creo que es un guiño claro a la secuencia de Ella-Laraña (Shelob) en el Señor de los Anillos. Todo esto mezclado con la estructura básica de personajes no tanto de una partida en abstracto como de libros como Drizzt (que además tienen también muchas arañas) o las Crónicas de la Dragonlance.

Y aquí quiero hacer una pequeña reflexión. Cuando estuve leyendo reseñas para decidir si leer o no Spiderlight me encontré a menudo comentarios que destacaban el trabajo de Tchaikovsky por romper con tópicos absolutos del género. De luz y oscuridad. Cómo lo planteaban me sorprendió mucho porque, aunque entiendo de dónde viene, creo que las grandes obras de la fantasía nunca han sido tan simplistas. No quiero decir con esto que no haya absolutos de bien y mal, sobre todo en los cuentos, pero sí que tanto Tolkien, como Salvatore o Weiss y Hickman siempre tuvieron espacio para los grises y los planteamientos morales complejos.

Lo que hace Tchaikovsky, por lo tanto, no es lo nunca visto. Más si tenemos en cuenta que hace ya mucho que existen cosas como versiones desde el punto de vista de los Orcos.

No quiero con esto quitarle mérito. Lo cierto es que da igual si es la primera, la quinta o la centésima obra en hacerlo. Lo que importa es que lo que hace lo hace bien y con una voz que a mi experiencia lectora se le hace bastante inusual.

También destaca lo de las arañas, claro.

Hay algo aterrador en imaginarse arácnidos e insectos en tamaños muy superiores al humano. Destapa algunos miedos primordiales y un rechazo absoluto que es difícil enfrentar. Y ya si de ahí pasas a una araña humanizada como hace el autor británico llegas a un terreno el doble de complejo.

Hace una mezcla fantástica entre la teoría del valle inquietante (la incomodidad ante las cosas que no son humanas pero lo parecen demasiado) y la percepción racista que nos permite individualizar los rasgos del colectivo al que pertenecemos pero nos hace confundir los de los demás, haciendo que veamos lo extraño como masas uniformes. El personaje que utiliza para exponer todo esto, Nth, es una de las creaciones más sólidas y dolorosas que he leído.

Pero para mí ese terreno tiene un problema. Esta es un historia profundamente dramática, cargada de patetismo, pero el tono de la novela es de humor. No creo recordar, pese a eso, haberme reído ni una sola vez. Esto mismo me llevó a un odio absoluto a todos los personajes que, incluso mientras iban debatiendo sus propias convicciones, o me daban igual o me frustraban. En teoría creo que solo hay un personaje con el que no debería empatizar en ningún momento, el que pretende ser el más justo y elevado, pero era tan odioso que lo peor es que terminó en el grupo de mi indiferencia.

Esto no es una percepción mía, de mi sentido del humor. Es que es ácido, punzante y pretende que te sientas incómodo durante toda la novela. El punto es que a mí me hizo sentir demasiado incómoda.

What is it about this ‘humor’ business I keep getting wrong

Tampoco la estructura y la construcción del mundo me engancharon. En general, con honestidad, ha sido una lectura un tanto farragosa. Siento que el formato por etapas de viaje, la serialización, no funcionan en absoluto con el trasfondo que es lo verdaderamente importante. Por un lado tiene que ver que todo se queda un poco superficial y por otro es la sensación de estar leyendo a los chavales que te caían mal en el colegio mientras aprenden cosas.

Todos estos elementos confluyen en un final que, de nuevo, a mi gusto tampoco es satisfactorio. Creo que nace de una buena idea pero que deja a la novela un poco coja.

Aún así, con todo esto, es una obra a la que si os gusta la fantasía y os lo podéis permitir os recomiendo echarle un ojo.

Tchaikovsky es un escritor excelente. Cuando la trama se enfrenta a sí misma, cuando los personajes hacen cosas horribles como si fuera el desayuno, cuando debaten, cuando se equivocan, hay una manera en la que vierte las ideas que engancha. Incluso si el tono no me funcionó en el conjunto encuentro momentos en el desarrollo de las conversaciones y la manera en la que se plantean de pura maravilla.

El drama profundo que lo permea todo y, en especial, la intensa discusión sobre lo que significa el consentimiento, es finísimo. Excelente.

¿PARA QUIÉN ES SPIDERLIGHT?

Si ponéis menos peso que yo en coger cariño a los personajes de las novelas y lleváis bien un humor que va de manera ultra punzante hacia el drama creo que os va a encantar esta novela. Es una gran reflexión sobre la fantasía, sobre los tópicos y sobre qué hay detrás de una división binaria del mundo.

  • Autor: Adrian Tchaikovsky
  • Traducción: Alexander Páez
  • Título original: Spiderlight
  • Publicación: 2016
  • Editorial: Alethé (2019)
  • Género: Fantasía
  • Autoconclusiva
  • Páginas: 328
  • ISBN: 978-8491645566

Hacia la ficción contemporánea: Sir Gawain y el Caballero Verde

RESUMEN

Durante la fiesta de año nuevo en Camelot un hombre completamente vestido de verde y con un corcel del mismo color, reta a los Caballeros de la Mesa Redonda a que le ataquen con el hacha que empuña. Al cabo de un año, dice, devolverá el mismo golpe.

Para evitar peligro o deshonra al rey Arturo (no aceptar un duelo no estaba bien visto) Gawain acepta. Decapita al caballero que, a continuación, se levanta y le insta a encontrarse durante la fecha señalada en la Capilla Verde.

Once meses después, fiel a su promesa, nuestro protagonista emprende camino. Se enfrenta a todo tipo de bestias y no suponen ningún problema pero la soledad hace mella. Para Nochebuena llega a un castillo cuyo señor, Bercilak, le ofrece ansiada hospitalidad.

Así pues, a falta de tres días para que Gawain deba acudir a la Capilla Verde permanecerá en el castillo. Allí promete compartir lo que consiga cada día con su anfitrión. Durante las ausencias del señor la esposa de este intenta seducir a Gawain, que solo admite de ella castos besos los dos primeros días. A la llegada de Bercilak por la noche con piezas de caza Gawain responderá con un beso.

Sin embargo en la última jornada recibe una liga que, en teoría, le salvará la vida frente al Caballero Verde. Ante la posibilidad de sobrevivir Gawain decide no compartir el regalo.

Cuando acude a la capilla su enemigo se limita a hacer tres amagos de decapitación y solo con el último le hace una pequeña herida. El retador resulta no ser otro que Bercilak, que es en realidad hermano de Morgan Le Fay. Ambos paganos, su deseo era asustar a la reina Ginebra por cristianizar la corte.

Gawain vuelve a casa con vergüenza pero los caballeros le reciben como victorioso y deciden portar una liga verde en su honor.

SOBRE GAWAIN Y EL CABALLERO VERDE

Gawain, además de caballero de la mesa redonda, es sobrino de Arturo y de Morgana. Por ello está en teoría igual de predispuesto al bien que al mal (representado aquí por el paganismo). Es tentado y, como no es Cristo, su triunfo es relativo. En el Tapiz de Fionavar, saga artúrica hasta la médula, tenemos al personaje de Darien. Como muchos herederos de estas leyendas no puede adscribirse a un solo personaje. Por un lado es en esencia un Mordred pero por otro lado esa predisposición genética a cualquier lado de la balanza pone a Darien en la herencia de Gawain.

El Caballero Verde es una representación de la naturaleza, de la espiritualidad y de la verdad. Una fuerza del caos. Sin embargo en este poema ya hemos superado el miedo a lo sobrenatural y lo desconocido que predominaba en Beowulf. Por si os sirve de referencia, este texto data de finales del S XIV y es por lo tanto contemporáneo a Chaucer. El miedo aquí está en la decepción propia, en la debilidad ante la muerte y la traición a los ideales.

En Canción de Hielo y Fuego tenemos una serie de figuras sobrenaturales de fondo (los Caminantes Blancos y los dragones, principalmente) que, aunque son una potente fuerza motora del trasfondo, no representan el verdadero meollo de la historia. Los personajes están luchando contra sí mismos de la misma manera en la que lo está Gawain. El heroismo resulta menos innato en este tipo de personajes.

Cristopher Tolkien recopiló en Los Monstruos y los Críticos y otros ensayos  algunos textos lingüísticos y literarios de su padre. La mención a la historia de sir Gawain es por supuesto ineludible aquí. El autor británico le había dedicado varias traducciones e incluso cursos universitarios.

En la página 79 de Los Monstruos menciona que no hay mejor manera para enseñar moral que los antiguos cuentos de hadas. Esto es, sin duda, lo que el autor percibió en Sir Gawain y lo que él deseaba conseguir con su obra. No significa que ninguna de las dos sea un compendio de alegorías con pretensiones (y es que de hecho Tolkien odiaba las obras que sobreponían el tono moralista a la propia historia), pero sí que imitó cierta manera de contar encontrada en este romance. 

La tentación es el tema principal en la obra de Tolkien y también en Sir Gawain. Está principalmente representada por el Anillo Único, pero también lo son cada lugar seguro por el que pasan y una larga lista de otros objetos mitológicos de sus historias. 

Tampoco hay que olvidar que Sir Gawain está narrado en un tono cómico. Este estilo de cuento se ve reflejado mejor en el Hobbit que en el Señor de los Anillos. La trama de la tentación del Anillo es muy fuerte en ambas, pero en esta última además se suma la Piedra del Arca. Bilbo y sus compañeros se enfrentan a todo tipo de monstruos en su camino, dragón incluido, pero nada es tan complicado de superar como las tentaciones.

Como se menciona en el resumen, antes de que sir Gawain llegue al castillo de Bercilak se enfrenta a diversas criaturas. Entre ellas están los «wodwos», un nombre para un tipo de hombres salvajes asociados a la naturaleza. Tolkien hizo una inmersión en el concepto con los Druédain, también conocidos como woses.

Los Caballeros de Solamnia son el epítome de lo artúrico en la Dragonlance. Y, entre todos ellos, destaca Sturm Brightblade. Si se lee este mundo de D&D en orden de lanzamiento, la evolución de este personaje de caballero perfecto a un ser mucho más complejo ya preconizaba la futura semejanza a Gawain en su novela en solitario: El Código y la Medida. Este libro se sitúa como una precuela a la primera novela (Crónicas de la Dragonlance) y se puede leer de forma independiente (aunque no creo que así apasione a nadie). Es, de manera absoluta, un homenaje al libro que nos ocupa. El artículo Young Brightblade and the Green Knight habla de ello en más profundidad así que os lo dejo aquí por si os interesa.

Dando un giro enorme en el tipo de narrativa tenemos a Roland Deschain. Es bien conocida la intención de Stephen King de escribir la Torre Oscura como una gran épica al estilo del Señor de los Anillos pero con sabor americano. En base a esto resultan lógicos los paralelismos con la ficción anglosajona y en este caso con Sir Gawain.

El primero y más obvio es la estructura temporal. Intentando entrar en spoilers lo menos posible, ambos se van el mismo día y terminan el mismo día en posesión de un objeto que simboliza sus aciertos y errores. Por supuesto en el caso del pistolero con giro al más puro estilo King.

Para ambos protagonistas la lucha contra monstruos, aunque pueda tener complicaciones, no es el mayor de sus problemas. La soledad en la que se ven inmersos para poder llevar a cabo su misión determina las decisiones de ambos. Como hemos dicho Gawain se enfrenta a tres oportunidades para demostrar su valía. En el caso de Roland son tres misiones las que debe concluir para formar su ka-tet.

Por último me gustaría hablaros de las imágenes en la entrada. Pertenecen a un corto irlandés que ganó el BAFTA en 2002 y os dejo su trailer aquí:

Hacia la ficción contemporánea: caballería y feudalismo

«Duelo de caballeros» (Delacroix)

Pongamos un poco de contexto a dos de los elementos principales en la construcción de la fantasía moderna occidental: caballería y feudalismo. 

Este texto no tratará de los eventos que llevaron a este cambio social ni cómo se vivió en el día a día. Vamos a centrarnos en los elementos que de manera más llamativa influirían la narrativa de género. 

Durante el feudalismo, aunque había monarcas, el poder estaba en manos de la aristocracia. Su brazo armado, la caballería, era en realidad algo más parecido a un grupo de mercenarios que trabaja por un señor concreto. Si había una guerra extranjera luchaban en su nombre, si luchaban entre nobles defendían al suyo y, además, servían como fuerza disuasoria para la gente de a pie. 

Los romances medievales se encargaron de elevarlo como la ficción al servicio de un poder político suele hacer. Pero también de atacarlo. Los ciclos artúricos no son una exaltación sino una crítica que, a través del ya mencionado en The Wanderer «ubi sunt?» criticaban a menudo el estado actual de la institución. 

El código de honor del caballero medieval no era muy diferente al de los guerreros anglosajones. La distinción principal radica en que, este, es ya un cuerpo puramente cristiano. La caridad, el amor fraternal a los necesitados, los votos de pobreza y la expiación a través de la guerra son puntos fundamentales en esta nueva definición del guerrero.

Estamos pues ante una sociedad occidental de fuertes poderes pero divididos. Primero la Iglesia, que, bajo el papado, extendía las proclamas católicas y se ponía de tú a tú con monarcas y nobles. Los reyes, que controlaban países de manera nominal pero no de facto, pues el dinero lo poseían los aristócratas. Estos, a su vez, ejercían su voluntad sobre el pueblo llano gracias a la institución de la Caballería. A partir del protestantismo el mundo occidental empezaría a cambiar, pero siempre bajo la observancia cristiana. 

Los caballeros medievales debían, en su idealización, poseer cuatro virtudes principales:

La largueza, que podríamos definir como generosidad. La cortesía que en este contexto se refiere no solo a la educación si no a la belleza física, la inteligencia o la pureza del alma. También la piedad y la franqueza. 

Es obvio que nadie puede ser perfecto, pero además estos elementos entrarán más tarde en conflicto con uno de los fenómenos más importantes para la caballería y el feudalismo: el amor cortés. De él hablaremos en la siguiente entrada. 

La fuerza del poder cristiano creó un vínculo entre la carrera militar y la religiosa, permitiendo la aparición de las órdenes de monjes guerreros (como los templarios) y de luchas definidas como santas. 

Tapiz de Bayeux

Dicho esto, dos corrientes principales han surgido de las historias sobre la caballería. 

De su idealización y posibilidad de una nobleza real y casi perfecta son testigo las obras de Tolkien y herederos como la Dragonlance. No significa que estos personajes no tengan matices. Cualquiera que haya leído el Señor de los Anillos sabe que hay bastante más gris de lo que parece a primera vista. También en la Dragonlance o las Crónicas de Belgarath de Eddings. Pero sus historias son mucho más cercanas al romance clásico de amor cortés. Personajes como Aragorn encarnan al caballero ideal. 

De su realidad se han encargado obras como Canción de Hielo y Fuego y el género grimdark. Para esta corriente aunque puede haber razón en una causa armada nunca hay justicia. Los personajes, incluso los más cercanos al ideal como Rob Stark, demuestran una y otra vez la imposibilidad de cumplirlos. En el caso de este popular personaje (si no quieres un spoiler de CDHYF no continúes este párrafo) una relación será su perdición. Sabe de sobra que está faltando a su palabra (pierde el ideal de franqueza) y aún así decide casarse. Es por lo tanto, como todos los demás, un hombre movido por una fuerte pasión. Su pathos será interesante seguir analizándolo cuando hablemos del amor cortés.

CDHYF y ESDLA poseen además una peculiaridad. Dentro de su narrativa expandida cuentan con la parte idealizada (como el caballero errante, una historia del pasado) y una oscura, donde los ideales han flaqueado y se añoran las glorias antiguas. En el caso de Martin esos tiempos soñados son una mentira y por lo tanto nunca podrían volver al menos del todo y en el caso de Tolkien han llegado de nuevo con un personaje tan Artúrico como Aragorn.

Uno de los constructos medievales más repetidos en la fantasía occidental es el poder monárquico. Ya sea con poderes absolutistas (ESDLA) o más puramente feudales (CDHYF) es uno de los tópicos más comunes.

Sin embargo, probablemente por la enorme influencia protestante, llama la atención la poca visibilización de la figura papal en las ficciones de corte más idealizadas. A pesar de la indudable inspiración que supusieron las cruzadas para el género, los caballeros templarios o el clero de más bajo rango es, relativamente, más complicado encontrar una estructura eclesiástica similar a la del medievo europeo. Además, cuando sí aparece un papa, tiende a ser una figura corrupta incluso en las historias menos crudas. 

Un ejemplo de una figura similar estaría en la Espada de Joram, de Margaret Weiss y Tracy Hickman. El personaje recibe, dejando clara la inspiración, el nombre de Patriarca. Este personaje tiene un poder tal que puede incluso volverse en contra de los deseos de los Emperadores. Muy similar al verdadero poder del Papa católico.

En las novelas de la Dragonlance, cuyos arquitectos son también Weiss y Hickman, la importancia de la religión es enorme. En la orden de los caballeros de Solamnia se perpetúa especialmente este momento histórico y encontramos figuras como la del Sumo Sacerdote. Este personaje aúna el poder religioso y el monárquico en su forma eclesiástica. No obstante es de nuevo un evento del pasado y pese a la lucha contra Takhisis (una diosa malvada) o la aparición de sectas nocivas como la de Haven, al margen del mencionado Sacerdote no hay muchas más figuras realmente similares al Papado. Sus representantes actuales poseen mucho menos poder y empiezan casi exiliados. Además, es curiosamente el Sumo Sacerdote de Solamnia el culpable de un cataclismo que casi acaba con el mundo.

Dentro de los géneros más oscuros de la fantasía, podemos volver de nuevo a CDHYF. La trama eclesiástica en la que Cersei se ve envuelta es una prueba fidedigna del poder que las instituciones religiosas ostentaban en el medievo.

Un poco entre medias podemos ubicar la Crónica del Asesino de Reyes de Patrick Rothfuss. Aunque aún no tiene un mundo tan amplio como los universos anteriormente mencionados, el autor estadounidense optó por una representación muy católica para la Iglesia Telhina. Sin embargo, aunque es una organización muy jerárquica y aparecen monjes guerreros, no se sabe mucho de la cabeza de su Iglesia. A pesar de la importancia de la institución y de la trama poderosamente mística que presenta, el juego de poderes queda anclado a personajes de menor rango o aún demasiado desdibujados.

Una amalgama de todo lo anterior es Brandon Sanderson. Además de crear alucinantes sistemas mágicos este autor mormón tiene un gran interés en la religión. Para poder hacer un buen análisis del Archivo de las Tormentas, donde todo el peso de la trama cae en la caballería y la religión, aún tendremos que esperar un tiempo. Pero en el Imperio Final, primer libro de la trilogía Nacidos de la Bruma, encontramos a la figura del monarca absolutista que además aúna el poder religioso. Esta herencia de la historia inglesa a partir de Enrique VIII aparece también en varias novelas.

Es relativamente común convertir la religión en una serie de costumbres o, incluso, hacerla invisible. Este es el caso de Aprendiz de Asesino, libro primero de la Trilogía del Vatídico escrito por Robin Hobb y que sin embargo está plagada de referencias a la caballería y el feudalismo.

Aunque su ubicación temporal no es similar a la Edad Media, el tebeo superheróico bebe mucho de la caballería. Y aquí es interesante mencionar, aunque sea de pasada, la situación de la religión. Dios es uno de los conceptos más repetidos en esta ficción. El enfoque más habitual es el cristiano, pero la puerta está abierta a otras religiones. Sin embargo no es tan habitual que aparezcan personas dentro de la jerarquía religiosa.

En la ficción heroica lo más importante no suele ser el dinero. Incluso en los superhéroes que son especiales por ello, como Batman, la historia hace hincapié en sus valores, inteligencia y fuerza. Personajes como Superman cumplen con el código de Caballería de manera casi impecable. Y, a consecuencia, esta narrativa eleva la Caballería a convertirse ellos mismos en algo muy similar a dioses. Por encima de reyes, papas o presidentes del gobierno. Es, al fin y al cabo, parte del trasfondo en las famosas Civil War de Marvel. 

Una de las cosas que sí ha heredado la fantasía épica de la estructura eclesiástica es que el equivalente a un papa o a un mesías es casi siempre un varón. Es algo que llama mucho la atención, pues las mujeres suelen ser representadas como el elemento curativo ligado a la religión del grupo. Salvo excepciones como Crysania en el mundo de la Dragonlance no terminan en el escalafón más alto de la jerarquía. Incluso en la Rueda del Tiempodonde las Aes Sedai son una fuerza mágica y religiosa indiscutible, a nivel mitológico Rand Al Thor se sitúa por encima de todos. Es decir, quizá lo más similar al papa sea la Sede Amyrlin, pero desde luego el mesías sigue siendo masculino.  Además se termina creando la contrapartida masculina, la Torre Negra.

En conclusión tenemos aquí otra prueba de que en general la defensa de una historia a través de un supuesto realismo histórico medieval no es posible. Los autores, desde los albores del género, han elegido las partes que más convenientes resultaban en su mundo.