Este domingo, a las doce del mediodía, hay manifestación en Madrid. Vamos a ir desde Atocha hasta la zona de Sevilla reclamando vivienda digna y asequible, sin dejar a nadie atrás.
Así que como la vivienda, el hogar, es uno de los puntos de encuentro de todos los géneros especulativos, he decidido dedicar la semana a compartir entradas relacionadas. Contenido que nos ayude a reflexionar sobre la situación, sobre los mundos que imaginamos, cómo se refleja eso en los futuros que anhelamos y los miedos que nos abruman.
Dejadme que os ponga algunos ejemplos de a qué me refiero.
EL HOGAR EN LA FANTASÍA

Pensad en El Señor de los Anillos. Durante un tramo muy largo del primer libro conocemos La Comarca y la casa de Frodo y Bilbo en detalle. Es una parte esencial del arco de los Hobbits la mezcla entre querer salir, vivir aventuras, y poder volver. Al final descubren que todo ha cambiado, tienen que luchar de nuevo y defender su cultura. Aunque Peter Jackson decidió recortar una parte grande, en las películas la importancia queda subrayada con ese último plano en el que cierran la puerta del hogar.
Incluso en personajes como Gideon en los libros de Muir, que tienen relaciones muy conflictivas con el sitio del que proceden, la relevancia de la casa para toda la construcción de la novela resulta vital.
Hasta el típico cuchitril en malas condiciones de la fantasía urbana, con toda la tecnología rota como en el caso de Harry Dresden, tiene una importancia radical para entender al personaje y su historia.
Y, en cualquier caso, no es solo la de los protagonistas. Una y otra vez lo que va a mover a los héroes es ver a la gente perder sus casas o ser desplazada. Es uno de los elementos con los que se mide la maldad de forma clásica.
Vivimos en un contexto específico que nos moldea. En fantasía podemos ver a golpe de vista cómo una casa no es solo el sitio en el que residimos, si no un barrio, una ciudad. Uno de los comentarios más comunes al problema de la vivienda es la constante sobre-simplificación vete a un pueblo. Podríamos hablar de los miles de motivos por los que eso no es posible (tu salud o la de tu familia, carnet de conducir, precio de la gasolina…) Pero lo cierto es que, cuando escribimos y leemos fantasía, estamos hablando también del arraigo que viene con lo doméstico. De defender el modo de vida de los Hobbits, de Aragorn partido entre su vida con los elfos y su herencia en Gondor, de la gente a la que conoce Harry en su barrio y de cómo estas cosas son las que ante la injusticia nos animan a luchar.
La sensación de colectividad contra la individualidad absoluta es esencial al ser humano.
En este sentido es muy interesante destacar las historias, como la de Althea en Las naves del magia, que hablan de forma directa de esta pugna. Del momento en el que alguien con más poder que tú te dice que tiene más derecho a tu casa (en este caso un barco). Y de que a lo mejor no quieres irte a hacer otra cosa, porque los poderosos no deberían tener el monopolio de la decisión.
La fantasía de tono más oscuro y el grimdark también vienen muy al caso, con su insistencia en la importancia de los bancos y los movimientos de dinero como base de un mundo roto.
CIENCIA FICCIÓN. EL LUGAR DONDE SE IMAGINA EL FUTURO
Creo que, si hablo de especulativo y vivienda, la Ciencia Ficción es el género más obvio. Es parte esencial de sus subgéneros distópicos y utópicos teorizar sobre el futuro humano. Así que ¿cómo va a ser el sistema inmobiliario en el futuro? ¿hacia dónde nos dirigimos? Y, por supuesto ¿Cómo queremos que sea? ¿Es posible dentro del capitalismo? ¿Somos capaces de imaginar alternativas?
En El cuento de la criada, por ejemplo, la mayor parte de la población vuelve al sistema en el que las personas ricas son las dueñas de la tierra y tú parte de sus trabajadores. Offred, la protagonista, tiene un cuarto en el que puede ser interrumpida en cualquier momento. La privacidad es un lujo al que la humanidad no tiene derecho.
Un mundo feliz nos presenta con una reserva, un terreno designado en Nuevo México donde los ciudadanos que se niegan a abrazar el nuevo orden mundial fueron introducidos. Son considerados salvajes.
Y, más allá de este tipo de narrativas, incluso en Space Opera el tema es predominante. La Normandía es el hogar de nuestra tripulación en el Mass Effect, entendemos que Han Solo haría cualquier cosa por el Halcón Milenario y resaltan tanto que se vuelven un personaje más. A menudo, incluso, el más querido.
NADA MÁS TERRORÍFICO QUE UNA CASA ENCANTADA
No sé cuántas veces he hablado ya en Gorgonas de la predominancia del hogar como espacio opresivo en la ficción femenina. También, por supuesto, aparece en la masculina, aunque las connotaciones tiendan a ser ligeramente diferentes.
Y aquí lo relevante es ¿por qué funcionan tan bien las historias de casas encantadas?
Pues porque nuestra casa es el lugar en el que deberíamos sentirnos a salvo. Es algo atávico buscar seguridad en el sitio donde vamos a dormir porque vamos a estar desprotegidos por completo. Y eso es lo que nos ofrece una casa. Espacio donde nos vamos a desnudar, donde vamos a estar menos presentables, donde nada ni nadie debería juzgarnos.
Si en la Ciencia Ficción y en la Fantasía llegan al grado de personaje propio, en el terror el poder y potencial es ilimitado.
Grady Hendrix, sobre todo cuando promocionaba Cómo vender una casa encantada, ha hablado bastante de este fenómeno. Es un tema fascinante y que se relaciona mucho con la situación actual de la vivienda en varios frentes.
Por un lado, cada vez más, estamos aterrorizados cuando estamos en nuestras casas porque no sabemos por cuánto tiempo vamos a poder permanecer en ellas. La sensación de ansiedad ante la palabra casa es muy común en varias generaciones. Por otro, llega el momento en el que te enfrentas a qué te puedes permitir. A los cuartos con personas desconocidas que pueden llegar a ser terroríficas, al moho y las alucinaciones, los sonidos de todo lo que no puedes arreglar, el viento a través de tus ventanas sin aislamiento. El frío paralizante, el calor que te impide dormir.
ASPIRACIÓN Y LITERATURA INFANTIL
Muy asociado a la CiFi y nuestra capacidad de imaginar alternativas está todo lo especulativo dentro de lo infantil. Historias como la de Aladdín en la película de Disney, un chico tan pobre que roba para comer y no tiene una casa como tal, han estado siempre a la orden del día.
Es una de las cosas más aspiracionales que se nos inculcan, generación tras generación. En algún momento tendrás tu casa. En algún momento, si te esfuerzas, podrás conseguir mejorar tu situación social. Y a veces eso pasa por robar y engañar o por creer en la magia. Porque incluso la ficción reconoce, al menos de vez en cuando y de pasada, que la meritocracia sin trampas no es una buena escalera.
La manera en la que se repiten y se distorsionan estas historias, y la manera en la que luego de adultos reaccionamos a la vida real, es un tema increíble. Uno que parte de mucha gente diciendo que la fantasía era apolítica y que, si te esfuerzas mucho, entonces conseguirás las cosas. Que el problema eres tú, sin ambages.
Y yo por supuesto creo en la responsabilidad individual, pero creo en ella también para los demás. Creo que no todo lo que me pasa es culpa de la sociedad pero que parte sí. Y que responsabilidad es lo que tiene cada dueño de varias casas a la hora de decidir el alquiler o precio de la vivienda. Eso de que el precio del mercado tal y cual, que serías tonto y perderías dinero, lo que llaman mentalidad de tiburón, es una decisión personal con consecuencias. Es terrorífico ver cómo cala el discurso de perdedores y ganadores.
También creo que, si casi todo el mundo cobra el sueldo mínimo o cerca del sueldo mínimo y el alquiler cuesta esa misma cifra, no hay esfuerzo que te vaya a salvar. Y más si nunca vas a recibir una herencia, que es uno de los pilares en los que se sustenta el sistema actual. Eso y que la gente debería tener la posibilidad de moverse en el mercado inmobiliario sin pasar por eones de ahorro, sufrimiento y carencias. Es increíble que se esté desahuciando a ancianos jubilados que vivían de alquiler, o que pusieron sus casas compradas como avales, y que sus pensiones no sean compatibles con una solución.
Y es increíble también que se venda como algo deseable ahondar en la desigualdad (que los pobres tengan que verse como pobres, que no puedas salir con tus amigos, comprarte un libro o participar de los eventos sociales) para que se considere que somos dignos de vivienda. Eso por no hablar del golpe a tus supuestos ahorros cuando van viniendo eventos dentales, gafas cada vez más complejas (espero que nunca tengáis que pagar unas progresivas, por vuestro bien) o cualquiera de todas esas otras sorpresas que da la vida.
Dicho todo esto, cierro aquí esta nada pequeña introducción. Voy a ir escribiendo un poco al día, estoy en semana de oposiciones y quién sabe cómo van a salir las cosas. Pero el tema es interesante, lo especulativo es una herramienta perfecta y, si sois de Madrid, vais a estar por aquí o tenéis la posibilidad de venir: el 24, a las 12, en Atocha.
Nota: La imagen de la cabecera es una sección del póster para House on Haunted Hill (1959) que he editado para añadir el lema y la fecha de la manifestación. El artista se llamaba Reynold Brown. El póster del final es el cartel para la manifestación de uno de los colectivos que la conforman, El sindicato de inquilinas de Madrid.


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