Reseña: «Carmilla» (Joseph Sheridan Le Fanu)

  • Ilustrado por: Ana Juan
  • Traducido por: Juan Elías Tovar
  • Sello: Siruela
  • ISBN: 978-84-16465-20-0
  • Edición: 1ª, 2015
  • Precio: 19’95 euros
  • Páginas: 110
  • Nº de ilustraciones: 30
  • Dimensiones: 240 x 340 mm

¿Qué es Carmilla?

Laura, la protagonista, es una adolescente en una región aislada de Estiria que ve rota su monótona existencia cuando presencia el accidente de un carromato. De él emerge una mujer que les pide se hagan cargo de su hija, también adolescente, mientras ella atiende unos asuntos a vida o muerte. Y así la sobrenatural Carmilla entra en sus vidas.

¿Cómo es Carmilla?

Carmilla fue una publicación serializada entre 1871 y 1872 para la revista The Dark Blue. Ese mismo año sería reimpresa en In a Glass Darkly. Este volumen consta de una recopilación de cinco obras de Le Fanu unidas por el personaje del doctor Martin Hesselius, una suerte de detective de lo oculto que precede al Van Helsing de Stoker.

El título de la antología hace referencia a un pasaje bíblico que sugiere que nos encontramos todavía en un mundo de oscuridad y llegamos a la luz a través de Dios.

Por ahora vemos a través de un cristal oscuro

1 Corintios 13:12

Como ya está libre de derechos podéis encontrarla en inglés de manera gratuita por ejemplo en Wikisource. En cuanto a las traducciones en español creo que no es el caso. Yo he leído la versión ilustrada por Ana Juan, que es un gozo y os la recomiendo muchísimo. Es una novela corta, fácil de leer y su mayor problema es que la trama se ha hecho tan icónica en la base del género que no presenta ninguna sorpresa al lector moderno. De hecho cuando busquéis cosas de Carmilla casi siempre encontraréis en la primera frase cómo sirvió de referencia a Bram Stoker en la creación de Drácula.

Esto no significa que no tenga nada que ofrecer en la actualidad. Carmilla, el personaje homónimo, es fascinante.

Los años de creación de la obra correspondieron en Reino Unido (Le Fanu era irlandés) al periodo victoriano y sus estrictos y a la vez contradictorios valores sociales. Nuestra antagonista ha llegado para romperlos a travésdel tópico de «el Otro», un personaje extranjero, normalmente de tierras al este de occidente, que evoca terror y misticismo.

Pero nuestra vampiresa tiene dos extras. Por un lado es mujer y por otro está claramente enamorada de Laura.

Si los victorianos buscaban en las mujeres seres sumisos, silenciosos y de lívido inexistente Carmilla se presenta como una mujer que no se deja mandar, que habla cuando quiere y cuyos deseos sexuales ocupan una gran parte de la trama. Laura, la protagonista y representante perfecta de la etiqueta femenina, se ve expuesta por primera vez a una persona de su mismo género que no se comporta según los valores establecidos. Aunque es consciente de la maldad de Carmilla y en ocasiones expresa de manera abierta su incomodidad (es una narración en primera persona), incluso cuando toda la trama queda al descubierto, está fascinada por la vampiresa.

Por supuesto ya había antecedentes de este tipo de personaje. Los súcubos, lamias y striges son seres antiquísimos. La contraposición a la mujer perfecta es la mujer tentadora, que utiliza sus encantos para ser la perdición del hombre virtuoso. Pero Carmilla va un poco más allá. Por un lado la manera en la que se mezcla con las personas y cómo se mueve en la alta sociedad destacan su capacidad de imitar a los humanos. Si no fuese por su apetito y a pesar de su carácter podría ser una más. Por otro lado está, por supuesto, todo lo que tiene que ver con su amor por Laura. La vampiresa podría elegir hacer su no-muerte mucho menos complicada simplemente eligiendo a otra víctima pero se mantiene infatuada de Laura como si de un caballero en otro tipo de historia se tratase.

¿Para quién es Carmilla?

Si os gustan las historias góticas, el terror, en especial los vampiros o queréis indagar en la representación lésbica a lo largo de la historia de la literatura esta es sin duda vuestra obra.

«Las cien noches de Hero» o la sororidad de Isabel Greenberg

Autora: Isabel Greenberg
Editorial: Impedimenta
Fecha de publicación original: 2017
Precio: 25’95€
Páginas: 224
ISBN: 978-84-17115-13-5

La historia y la ficción, cuando iban de la mano con los poderes imperantes, han sido sido uno de los peores enemigos de los oprimidos. A través de ellas se ha creado un discurso que nos excluía de la realidad aportando una excusa al famoso techo de cristal. 

Pero siempre hemos estado ahí, siempre hemos formado parte activa de las historias ficticias y reales y hemos dejado nuestra huella. La nueva ficción, la nueva crítica y la nueva historiografía van, poco a poco, dejando constancia de ello. No hay que olvidar que la mayoría de lo que conocemos es siempre la versión del bando que ganó pero el resto deja muy a menudo rastros imposibles de borrar. 

En la entrada anterior os hablaba de las mil y una noches. Una novela conocida por las historias de hombres que contiene pero con una maravillosa trama de lucha, hermandad y mujeres detrás. 

Pues bien, en las cien noches de Hero Isabel Greenberg hace merecida justicia a Scheherazade y su hermana Dunyazad. 

En este cómic conoceremos a las novias Hero y Cherry. Mientras la primera trabaja en teoría como dama de Cherry, la segunda está casada por obligación con un noble tonto al que hasta el momento han conseguido manipular para vivir su amor. 

Las cosas empeoran cuando su marido hace un pacto con otro noble. Se irá de viaje y si el huésped consigue seducir (o violar) a Cherry demostrará que todas las mujeres somos malvadas. Recogiendo el testigo de las mil y una noches nuestras protagonistas intentarán frenar al violador a través de historias.

En este caso todas son sobre mujeres. Algunas son mejores personas, otras peores, pero también con ello reivindica nuestro derecho a ser falibles. Ni ángeles ni demonios. Ni fuertes ni débiles. Y, sobre todo, parte de las historias que han formado el trasfondo de la humanidad. Además Greenberg deja clara constantemente la apreciación por su propia inteligencia que tienen Hero y Cherry. Normalmente las mujeres solemos tender a la modestia excesiva a la hora de expresar nuestros conocimientos, a recalcar una y otra vez que en realidad no sabemos mucho y a pedir perdón. Pero ellas no son así. Están orgullosas de ser las portadoras de todos esos cuentos y de su plan. Y, les vaya mejor o peor según el momento de la trama (por supuesto no voy a hacer spoilers) son conscientes de que si las cosas se tuercen no es su culpa. 

La historia se centra en dar visibilidad a las relaciones de sororidad a través de los lazos de sangre y amistad, pero encuentro maravilloso que justo en el caso de las protagonistas su relación sea de amor. Deja claro el detalle que tiende a pasarse por alto en la mayoría de resúmenes de la historia de Scheherezade. Que ella no hace las cosas por el rey Sahrir, que sus acciones van encaminadas a salvar a otras mujeres y con ello a sí misma y a su hermana. Que, aunque al final el rey se «redime» y se casa con ella, no se trata de demostrar su valor a ningún hombre.

Como aviso: Al principio hay una pequeña introducción que hila con la anterior obra de la autora, la enciclopedia de la tierra temprana. Eso no quita que sea un tomo conclusivo. Se entiende todo de manera perfecta. Pero quizá queráis leerlos en orden. 

La edición, a cargo de Impedimenta, es una preciosidad. Es cierto que pesa mucho y a mí (que tengo problemas de espalda) me resulta muy complicado leer esta clase de obras. Pero eso no es culpa de la editorial, que como digo ha hecho un trabajo magnífico. Por si tenéis curiosidad, en su página web hay una preview del primer capítulo (pinchad aquí). La única pega es que esta primera historia es justo el prólogo, en el que no salen Cherry ni Hero. Pero hace una explicación estupenda de la temática de la novela. Es una historia breve en sí misma. 

En cuanto a la traducción, de Unai Velasco, aunque no he hecho una comparativa, es de lectura ágil sin construcciones oracionales extrañas y agradable. Hubiera preferido, eso sí, una mujer. Pero no se puede tener todo en esta vida y respeto su trabajo. 

A continuación os dejo un vídeo del proceso creativo de Isabel Greenberg, en inglés. En sus últimas frases define el objetivo de la obra. Habla de las historias sobre mujeres, de cómo en los cuentos clásicos a menudo aparecen parejas de hermanas y cómo ella quería reflejarlo. Deja un mensaje final muy claro: luchar contra el patriarcado. 

Hacia la ficción contemporánea: Scheherazade y las mil y una noches.

Las mil y una noches es una obra inmensa y compleja. De origen, datación y contenido dudosos, ha pasado sin embargo a una fama duradera y consistente. Posee, al menos en la teoría, cuentos del calado de Aladdin, Ali Baba o los viajes de Simbad.

Sin embargo no es de su primera traducción francesa o de sus famosos relatos contenidos como en una serie de muñecas rusas de lo que quiero hablar en esta entrada.

Una heroína y la sororidad van a ser el tema principal. En su formato más conocido las mil y una noches es, por encima de todo, la historia de Scheherazade y su querida hermana Dunyazad (aunque también hay mil versiones sobre la escritura de sus nombres).

Cuenta la leyenda que la primera esposa del rey Shahriar le fue infiel haciendo orgías con sus esclavos. Cuando el monarca lo descubrió mandó asesinar a todos los implicados. A continuación hizo un aún más sangriento voto: todos los días se casaría con una joven virgen, la violaría por la noche y a la mañana siguiente sería decapitada. La situación se mantuvo tres años hasta que Scheherezade, hija de un visir del rey, decidió ponerse manos a la obra para salvar a las pobres mujeres masacradas.

En contra de los deseos de su padre se ofreció como esposa virgen a Shahriar y, cuando llegó la noche, pidió poder despedirse de su hermana. Esta, ya instruida en el plan, pidió como despedida un cuento que aliviase las horas restantes de la noche. A partir de aquí se sucederían las famosas mil y una noches en las que, de manera magistral, Scheherezade hilaría cuento tras cuento para picar la curiosidad del rey y seguir viva. Para cuando ya no le quedaron más historias otros tres años más tarde, el rey se había enamorado de ella. No fue asesinada y se convirtió en reina. 

Tradicionalmente, los roles de las mujeres en la ficción han sido de manipuladoras que utilizan la seducción como arma o de vírgenes castas, normalmente un poco tontas y en exceso inocentes. También está el papel de la bruja y de la partera, íntimamente relacionados. 

Las mil y una noches comienza con tres mujeres fatales en la mente de dos hombres y a Scheherazade y su hermana intentan situarlas como un ejemplo de todo lo opuesto. Como unas de esas mujeres castas, puras e inocentes. En la realidad el personaje está un poco a caballo de todo esto. 

Porque supiste conquistarme con las capacidades de que te ha adornado tu Creador y te he amado en mi espíritu porque encontré en ti una mujer pura, piadosa, casta, dulce, indemne de toda trapisonda, intacta en todos los sentidos, ingenua, sutil, elocuente, discreta, sonriente y prudente. ¡Ah! ¡Alah te bendiga y bendiga a tu padre y a tu madre y a tu raza y a tu origen!

Por un lado la mayor parte de las historias están imbuidas de sensualidad, igual que en parte ella misma. Es, sin duda, parte de las herramientas en la manipulación hacia Shahriar. A la vez Scheherezade es una mujer que, cuando empieza los relatos, al haber sido violada por el rey obviamente ya no es virgen.

Además es culta. Toda la trama es posible porque es una estudiosa y esto no es un pecado. Sus conocimientos (y no su belleza) le salvan la vida a ella y a incontables mujeres y la convierten en reina. No es censurada por ello, al contrario.

Su hermana Dunyazad, más pequeña, aguanta viendo las violaciones y se arriesga formando parte del plan de su hermana. Ambas son inseparables e, incluso al final del libro, se niegan a vivir en países diferentes. 

Es cierto que forman parte de un ideal prácticamente imposible de alcanzar. En una sociedad en la que el acceso a la educación era para los hombres muy complicado y para las mujeres casi imposible, donde se las educa para ser hermosas y estar en silencio, sin embargo es deseable que sean muy cultas y sabias. Que no sean superficiales y que no tengan deseos sexuales pero cumplan con sus deberes maritales. Existen como contrapunto a las orgiosas féminas malvadas que han traicionado al rey, a su hermano e incluso a un ifrit que viola a una mujer antes de su boda.

Scheherazade y su hermana Dunyazad son un ejemplo maravilloso de chicas que lucharon por su propio destino y que además salvaron a cientos con sus actos. Cosa nada desdeñable. Lo hacen, además, a través de una serie de historias morales con un final que deja claro la importancia de escuchar lo que las mujeres tenemos que decir.

Las mil y una noches es, sin lugar a dudas, una de las fuentes que más ha inspirado la ficción occidental en cualquiera de sus vertientes. Desde Larry Niven a Sapkowski, pasando por el mundo de los videojuegos como la saga Final Fantasy, los Ifrits han poblado la fantasía. El mundo de la animación ha explorado sus relatos con la muy destacable Aladdin (de manos de Disney) y Green Lantern tiene el tomo de las mil y una noches esmeraldas. 

En la historia The Thousand and Second Tale of Scheherezade Edgar Allan Poe cuenta, en teoría en clave de humor, un supuesto octavo viaje de Simbad. Al final de la historia el rey, molesto por lo poco creíble del relato (que está basada en sucesos coetáneos al estadounidense) decide matar a Scheherazade directamente. Esta desempoderante historia fue, curiosamente, publicada en una revista para mujeres muy famosa, llamada Godey’s Lady’s Book.

En general, a pesar de su enorme influencia, ha sido más extraña la reivindicación del papel de nuestra maravillosa heroína. De su espléndido valor y de cómo no redimió al rey, si no que salvó a cientos y cientos de mujeres y con ello a su reino entero. 

Y, así, lo dejo todo preparado para hablaros de un tebeo maravilloso en la próxima entrada: las cien noches de Hero

Hacia la ficción contemporánea: The Wife’s Lament

Como The Wanderer otra poesía elegíaca sin elementos puramente fantásticos. Pertenecen, de hecho, al mismo volumen conservado en Exeter.

The Wife’s Lament es la historia de una mujer y de sus sentimientos. Su autor es (como siempre en este período) anónimo. Pero no sería descabellado considerar que se tratase de una mujer siendo  esta una obra de un carácter tan personal, detallado e intimista. En caso de ser un autor masculino sería, desde luego, uno muy capaz de ponerse en la piel de una mujer. En una época en que nunca se les animaba a hacerlo. 

Nuestra protagonista está exiliada en un bosque, viviendo en lo que parece el hueco de una colina. Quizá un espacio pagano sagrado. Vive sola y rodeada de espinos, representación de las múltiples penas de su alma.

Con bastante probabilidad esta mujer había sido casada como una ofrenda de paz. Ella, sin embargo, amaba a su pareja. Fueron felices hasta que él tuvo que marcharse y se vio sola, rodeada de las intrigas de su familia política. Por ello termina viviendo en aquel desolador paraje. Sus pesar como única compañía.

Al ser un monólogo la inmersión en sus sentimientos es absoluta. No conocemos ninguna otra versión de los hechos que la suya.

El poema refleja el, en teoría, equivalente femenino a la relación de lealtad entre guerreros y Señor (comitatus). Hablamos  del matrimonio.

Una gran diferencia con The Wanderer es que pese a conservarse su escritura cristiana para esta mujer no existe el consuelo en dios. 

Es un relato crudo y frío pero muy hermoso. Sus parajes, no muy descritos pero con fuerte presencia y su profundo intimismo son muy típicos del terror. Hasta cierto punto es como si el bosque no existiese en realidad siendo los espinos la metáfora que completa su mundo interior. En relatos de Bécquer como la Promesa, por ejemplo, aparece una atmósfera similar. 

The Wife’s Lament posee en esencia esa idea tan romántica de las mujeres solas en el bosque, como un elemento triste y casi feerico. 

Siendo una de las obras más importantes de época anglosajona es también interesante hacer una comparativa con Tolkien. En este caso el personaje de Éowyn. 

Éowyn vive en una jaula de oro donde las intrigas familiares han destrozado su otrora alegre vida. Todos los sentimientos que conocemos en nuestra heroína son, de manera clara ,similares a los de The Wife’s Lament.

Cuando conoce a Aragorn se enamora de él, pero es un amor imposible. Busca en el futuro rey de Gondor la culminación del papel femenino de la época, esta relación ya mencionada de comitatus a través del matrimonio. Aragorn es perfecto para ello porque es todo lo que a Éowyn le gustaría poder ser y, a la vez, todo lo que debería ser un Señor. Al no poder obtenerla, termina marchando a la guerra y sirviendo a un Señor (Théoden) como un Rohirrim más, rompiendo con la tragedia sin posibilidad de salida que The Wife’s Lament presenta.

“Todas vuestras palabras significan una sola cosa: eres una mujer, y tu misión está en el hogar. Sin embargo, cuando los hombres hayan muerto con honor en la batalla, se te permitirá quemar la casa e inmolarte con ella, puesto que ya no la necesitarán. Pero soy de la Casa de Eorl, no una mujer de servicio. Sé montar a caballo y esgrimir una espada y no temo el sufrimiento ni la muerte.”

Traducción de Finduriel

Aunque esa ruptura a nivel narrativo es ciertamente novedosa, la mujer anglosajona casada o no era una mujer con cierto poder. En esta cultura se esperaba que fuéramos educadas y ceremoniosas, estatus que Éowyn no rompe nunca, pero no todas estaban relegadas al hogar sin más.

En sus «guerras góticas» (558 d.C.) Procopio de Cesárea dejó la primera mención escrita a una mujer inglesa. La dama en cuestión lideró un grupo de guerreros para capturar (que no rescatar) a su marido. Las Anglosajonas eran consejeras valoradas y las mujeres casadas para traer la paz entre tribus no se convertían inmediatamente en elementos pasivos del intercambio. Como ejemplo tenemos a Aethelflaed, recordada por sus grandes dotes militares. 

Es común a las mujeres de esta época, sin embargo, que sus historias siempre culminen o empiecen con un matrimonio. Ya sea con cristo o con un hombre corriente. No en vano es el matrimonio el elemento a través del que las mujeres alcanzan el tan deseado comitatus. Tampoco Éowyn escapa a esta tradición. 

No obstante no se escapa a ningún análisis que Éowyn da en narrativa un paso adelante. Su historia y evolución supera en cierto sentido a sus referentes literarios. Es pues deudora y transgresora del contexto anglosajón que Tolkien estudiaba con tanto afán.

Algún día hablaré sobre el personaje con más detenimiento en su propio espacio. Mientras os recomiendo este artículo publicado en The Mary Sue, escrito por Mariah McCourt y traducido al español por Findûriel: 

http://finduriel.blogspot.com.es/2018/01/yo-no-soy-un-hombre-no-es-suficiente-la.html

Aunque la hazaña de Éowyn es enorme no por ello quiero decir que «la esposa» no luche. Uno de los mayores signos de opresión es silenciar los discursos que rompen la norma y en este poema tenemos a una mujer que utiliza su voz para exponer la injusticia. Aunque no cumpla con la idea clásica de heroicidad en contexto y perspectiva lo es.

«Mujeres en la nevera», estereotipos femeninos

«Mujeres en la nevera» (en el original «Women in refrigerators») es el término acuñado por la guionista Gail Simone para hablar de una plaga narrativa: los personajes femeninos que, abocados a todo tipo de sufrimiento, tienen como único papel en la historia dar motivación al protagonista masculino.

Su nombre procede de un número de Green Lantern (#54, que vio la luz en 1994 con el título Forced Entry) en el que Kyle Rayner llegaba a casa y encontraba el cadáver de Alexandra DeWitt, su novia, en la nevera.

En 1999, Simone creó una página web a la que subió una lista de personajes de tebeos que sufrieron el mismo destino que DeWitt en todas su variaciones posibles.

Además recogió las declaraciones de diversas personas del medio. Entre ellas, y como curiosidad, podéis encontrar a un recién entrado a la industria Geoff Johns, actual peso pesado de DC y famoso guionista a posteriori de Green Lantern.

La denuncia original se centraba en lo siguiente: si no hay mujeres relevantes en el cómic no van a sentirse bienvenidas al medio. 

Aunque el movimiento surgió en torno al mundo del tebeo superheróico, es algo que se remonta muy atrás, a todos los tipos de narrativa. Además podéis observarlo de manera específica en la épica y romance medievales, de los que el mundo de los tebeos de supers ha bebido muchísimo. En ellos, por lo general, las mujeres éramos solo un recipiente para los ideales y contra ideales en los que se fundamenta la caballería y servíamos como cualquier otro objeto motivacional que moviese la historia.

En el texto Morte Darthur de Malory, por ejemplo, podéis ver al Rey Arturo diciendo que lo que más le duele de la marcha de la reina Ginebra con Lancelot no es la pérdida de su reina, sino la ruptura de la camaradería en la mesa redonda.

Much more I am sorrier for my good knights’ loss than for the loss of my fair queen; for queens I might have enough, but such a fellowship of good knights shall never be together in no company. And know I dare say there was never Christian king that ever held such a fellowship together. And alas, that ever sir Lancelot and I should be at debate.

Norton Anthology 446

Es importante recalcar además que el problema de este tópico es, en gran medida, lo extendido que está. Y cómo no es visto como algo nocivo. Vivimos en una sociedad muy marcada por la idea cristiana de que el sufrimiento dignifica y, por lo tanto ¿qué problema podrían tener estos personajes femeninos? Además, en el mundo de las viñetas, se asentó en especial en una época en que para renovar el género se intentó dar un enfoque más «realista» y «crudo» con historias como «la Broma Asesina».

Por otro lado, aunque siempre se piensa en historias como la de la propia Bárbara Gordon, el medio no era precisamente ajeno a este fenómeno en sus inicios. En este caso el ejemplo es un personaje muy icónico y con un gran recorrido, Gwen Stacy.

Algunas personas han peleado la existencia de este tópico diciendo que también pasa con personajes masculinos. En general suele salir en conversación la muerte del segundo Robin. Sin embargo las diferencias son claras: Jason Todd murió como un héroe, formando parte de su propia historia. Aunque es algo mucho más profundo podemos ir a lo directo. DeWitt apareció en la grapa 48 y murió en la 54.

Volvemos a la actualidad ¿qué está pasando ahora con los personajes femeninos? Sin duda hemos mejorado bastante pero ¿cuánto? 

A nivel personal siento que en los tebeos es ahora más atípico. En otros tipos de narrativa la afluencia sigue siendo más o menos la misma. Para muestra, las dos Marthas de mi, por otra parte, adorada Batman V Superman.

¿Qué pensáis vosotres? ¿conocéis «mujeres en la nevera» en la actualidad?